...el detalle, el suspiro...

miércoles, 28 de octubre de 2009

Pequeña canción en prosa...to fix...


Las luces me guiarán a casa...Mientras, las lágrimas caen por mi rostro, cuando me siento tan eufórico y tan triste de nuevo, y mis huesos están apagados. Y me siento tan cansado y sin poder dormir, porque el camino todavía es largo, y estoy atascado, sin reserva. Y, mientras, las lágrimas siguen acariciando mi rostro, porque perdí algo que nunca tuve, y me siento cansado y sin dormir, porque mis huesos están apagados. Amo algo, y pienso, que las luces me acercarán a casa, y encenderán mis huesos… pero nunca sabré lo que soy si nunca conozco e intento, y me siento tan… raro, sin tener, siquiera, todavía unas luces que me guíen, mientras me siento tan eufórico o tan triste y cansado.
Y yo intentaré…salir corriendo, correr, y acercarme a ti, y repararte, y repararme, y girar en mis manos todas las luces del mundo, derribar el sol, y hacerlo una pequeña bola a tu lado, con lagrimas que caen por nuestros rostros, y un comienzo eterno que gira a nuestro alrededor. Te prometo que aprenderé, a secar todas las lágrimas del pasado, y crear nuevos universos y estrellas, porque todas nos miraran, tras los rostros agotados de la carrera, y la sonrisa del final. Será entonces cuando sepa que las luces me han guiado a casa y han encendido mis huesos.

Disculpas.


Ya no sé escribirte, lo siento.
Hazme callar, hazme callar,
con un susurro de tus labios,
con tu vestido rojo.
Ya no sé escribirte, no sé,
Porque pudiera escribir tanto

Miénteme entonces, y dime,
dime que no hable en plural,
que necesitas las palabras.

Ya no sé escribirte, lo siento.
Dame tu mano incolora
y acepta mis disculpas,
sin abrir los ojos, con un susurro,
sonriendo, sin tiempo.

Solo sé parpadear, si pasas a mi lado,
no sé saludarte, ni sé escribirte.
Pero discúlpame, con tu vestido,
rojo, de noche, con el frio entrando
Recostados en una alcoba
que no esconde la multitud.

No seguiré, pues estas palabras
no sé narrarlas, no sé.
Las que no se decirte, los versos,
mis versos, no son míos, solo son tuyos.
Acógelos, y discúlpame.

jueves, 22 de octubre de 2009

Desde lejos, donde llueve...



En mi vida, todos los minutos que pasan lloran.
En ella todas las preguntas sin respuestas tiemblan.
El mar le grita al viento,
las aves le gritan al mar,
el viento les grita a las aves.

En mi vida todos los minutos que lloran pasan.
En ella los perfúmenes no rondan mi cabeza,
ni mi cabeza ronda tus perfúmenes,
ni el sueño me despierta temprano,
ni las madrugadas me quitan el sueño.

En mi vida no hay minutos,
ni tiempo de buscarlos, ni gritos,
ni lloros, ni aves, ni mar,
ni colchones desgastados,
ni camas desechas.

En mí, no estás tú, ni siquiera yo.
No hay cara o cruz en las monedas.
No hay monedas siquiera.
El río no se lleva las olas,
ni las olas se llevan tu voz

En mis últimas noches la luna se olvido de salir.
Tú te olvidaste de venir,
la puerta se olvido de cerrar,
las llaves de abrir,
yo me olvide de amar.

Ni tan siquiera nos dimos cuenta
de las ganas de quemarlo todo
De el control del fuego.
Del tiempo ardiendo.
De la ceniza volando.

En nuestra vida si hay minutos que lloran al pasar.
Y tiempo que ya perdió la cuenta.
Hay aves y mar tras los balcones,
pero no existen las llaves para entrar,
ni existe una senda que por las praderas se deshaga

En la vida hay redes encima de los caballos.
Y sonido de céfiros que golpea en mis cristales.
Hay agua que cae del cielo compadeciéndose.
Hay compadecidos que no saben amar.
Hay calor que no sabe quemar.

Existen los Atila que arrasan la hierba,
la hierba que crece en nuestros salones,
los salones que no albergan,
los ríos que no lloran,
las aguas que no mojan.

El momento de perder ya pasó
no hay momento que tras momento se repita,
no hay romance ni hay amor,
ni existe el tiempo ni el reloj.
No estás tú tras ninguna ventana

No te consigo ver, ni en la acera,
no te consigo ver, ni en el tejado,
no te consigo ver, ni en mis versos,
no te consigo ver, ni a mi lado,
ni me puedo ver, vivo y enterrado.

Levántate para gritar por el bosque
lo que la dama de blanco se llevó,
lo que el flautista no te supo cantar,
lo que la flauta no te supo llevar,
lo que la reina de mayo te quitó.

En mi vida no hay tiempo para los minutos.
Ni lloros en las lágrimas, ni amor.
El mar no le grita a mis paredes,
y mis paredes ya no me pueden escuchar,
la saliva ya cae de la lluvia,
mis papeles ya se ven en los arboles,
con la voz que no puede gritar,
ni cantarte, ni volver a escribirte.

Cuando el tiempo me cansa y los minutos se vuelan
no puedo dejar de escribir en la pared
Cuando el tiempo se cansa, no dejo mi alma
Cuando los minutos se vuelan, las paredes me escuchan
mi aburrido himno, que aburre

El camino de que el compadecido deje de compadecerte
Y que los puentes se vuelvan a cruzar a caballo
Que yo te vuelva a ver con vaqueros,
Y mi mirada no se emborrone por la noche
Desde lejos

Desde lejos no existe lo real,
ni lo imaginario.
Desde lejos no existes.

Desde lejos no vuelo,
ni caigo.
Desde lejos no vuelo.

El arquitecto ideo el plan a dedo
Y espero que el universo no se equivoque,
que no se pierda el equivocado,
ni la piedra caiga en otro mar
perdida y lejos de nadie.

Espero no bajar al infierno.
No quedar dentro del noveno círculo,
ni tener que ascender a tu cielo.
Espero que al menos estas letras
sean mi guía.

En mi vida la selva oscura de tu cabello.
En mi vida el cabello en mi noche oscura.
En mi oscura noche tú cabello.
En mi cabello tu oscura noche.
En mi noche tus largos días.

Beatrice, amada, en mi vida no hay tiempo.
En mi vida las preguntas rompen las respuestas
y tus llamas calman mi sed.
Las largas jornadas caminan descalzas
y eso que las aves no corren.

Los señores y las señoritas pasaron de moda,
el alma se cambio de alcoba,
las nubes pasan de sombrero,
los puertos grises mantienen la sombra,
mantienes la sombra de los puertos grises

¿De dónde se parte para partirme en dos?
De donde se llora no hay dos, solo tu.
Yo soledad, yo inferno, yo pasará.
Éramos sin ser, y éramos perfectos
Éramos sin ser y aun así éramos

Y jugamos a las espadas, a los adultos y a las princesas
pero yo no tengo espada para luchar por ti
y tu castillo es demasiado alto, princesa
tus paredes demasiado gruesas, y el caballo demasiado viejo
el grito al cielo ya no repta por mis venas

En mi vida, no hay princesas, ni estoy yo,
no estás tú ni el amor
No hay mar ni aves que se griten,
ni aves que discutan con el aire,
ni aire que pueda respirar.

Yo no estoy,
desde lejos no vuelo.
Yo no soy.

Tú no estas,
desde lejos no te veo en tu ventana.
Tú no estas.

Nosotros ( )
Nosotros nada
Nosotros ( )

Yo no río a las estrellas hablándole al cielo
para que el suelo me destroce los pies.
Y el camino no ande bajo el mar,
o el universo se pare y no cumpla sus promesas,
o la noche me llene tanto que me haga olvidar,
olvidar que se pueda olvidar de algo.

No hay cara o cruz en mis monedas,
Ni tiempo, ni mar, ni aves,
ni mi inmensa soledad que me dejó solo.
La realidad es creada por arquitectos,
medicamentos y arsénicos.

El agua que ya no cae para compadecer,
sino para golpear.
Y el aire ya no para de correr,
para enseñarme a soplar

El cielo, bajo la purgación, bajo el inferno
Bajo los montes, tus mirada y Atila
Bajo el mar y la hierba y el salón.

El reflejo del balcón en ultramar
Un caballo, hartado de correr

Ahora, no deja de llover.


domingo, 18 de octubre de 2009

El sueño que jamás te conté.



Un gramófono. Un gramófono cantaba en la esquina más alejada de la sala. Pues solo era una sala el lugar que habitábamos, solo una sala. El aire transportaba la melodía que narraba en susurros el viejo aparato. Nada la refrenaba, pues la sala estaba vacía. Cuatro grandes ventanales le daban una luz grisácea al lugar. Una luz fría, apagada, proveniente del cielo sepia que coronaba el mundo al otro lado. Y el cantar de los vientos alborotados del exterior no nos separaba ni por un segundo. Marcábamos dulcemente los pasos. Un, dos. Vuelta. Atrás. Adelante. Sonrisa. En la sala, retumbaba el eco de nuestras pisadas. Sólo un plato alborotaba la linealidad del suelo. Un plato que contenía las migas del bocadillo que la noche anterior habíamos utilizado para sobrevivir. El resto, lo ponía el amor. Tú, con tu camisa rosa y los vaqueros desgastados me dabas la vida. Yo, camisa y pantalón de traje. Ambos descalzos. Y los pisotones, las risas y el suspiro de nuestras miradas se entremezclaban con las notas del viejo gramófono. Bailábamos, bailábamos desde que las nubes habían tapado el sol la tarde anterior. Y no parábamos de bailar, sonreír, despacio, al compás. Mi mano izquierda y tu derecha se fundían en el aire. Los círculos eran dibujados por nuestros pies en el parqué desgastado. Nuestras caderas se estrechaban por la presión de nuestras manos. Y dibujábamos círculos, y sonreíamos, y no moríamos de hambre, y moríamos de amor. Afuera el mundo se estremecía. Afuera el mundo moría. Los edificios que alcanzábamos a divisar por la ventana caían arrasados por el fuego y las explosiones. Pero tú y yo, con el eco de nuestros pasos, seguíamos riendo, juntos. El sonido de los aviones casi no lo percibíamos. Estábamos tan alejados de ese mundo que caía… Estábamos, por fin, en esa sala. Estábamos, por fin, danzando, tras las ventanas de nuestro mundo. Y nada importaba. El amor que nos había hecho morir, no había muerto. Las ruinas se adivinaban en la lejanía. Parecía que nuestra sala era la única que todavía no había caído. Y nosotros no nos fijábamos en nada más que en nuestras miradas. Te veía tan linda, disfrutando de cada tropiezo, desnudando cada nuevo pasó a la manera delicada que solo tú sabes. Y tú eres la única. Nunca había podido sentir tu largo cabello tan cerca de mis manos. Y ahora tú eras la que las guiaba hacía él. Yo te respiraba, para seguir viviendo. Afuera, todo era pasto del olvido, del fuego, de la desolación. Nos quedaba poco. Todavía no te había besado. En ningún momento. No sabía como hacerlo. Debía ser tan grande como la energía que nos había llevado a danzar en un piso tan alejado de nuestra imaginación. Y no sabía como hacerlo. Debía ser tan fácil y tan difícil. Tú eras. Simplemente. Y yo cerraba los ojos para sentir tu camisa rosa y tus pantalones vaqueros desgastados. La vida se fundía en nuestras manos, y nosotros fundíamos las manos. El tocadiscos llegaba a sus últimos segundos. La primera cristalera reventó, la más alejada de nuestra posición. Llovían los cristales como llovía el agua fuera. Y todavía no te había besado. Pero estaba contigo. El mundo moría. Yo te miraba, y te veía sonreírme, por fin. Y todo se moría. Nuestros pies descalzos no sentían los clavos de vidrio por el suelo. La música todavía los ahogaba. Pero el viento helado entró en la habitación, haciéndonos cerrar los balcones de nuestros ojos, para acercarnos todavía más, hasta ser uno, danzando, pegados, las últimas notas de la sonata. Tú. Yo. Nosotros. Y no sé ni cuando. Ni porqué. Ni porqué coincidió. Pero te besé. Te besé por primera vez, mientras la lagrimas inundaban nuestras mejillas, cuando la segunda explosión que nos visitaba se lo llevó todo con ella, todo.

jueves, 15 de octubre de 2009

Espadas de plástico, viento y arena


Y respiras una, dos y hasta tres veces. Ves cómo la larga hilera de luces multicolores se desliza suavemente por encima de tu cabeza, ocultando el brillo de la noche, el color anaranjado de la madrugada, ocultándolo. El asfalto está frío, y la feria, con sus interminables hileras de atracciones coronadas por la colosal noria, está muerta, apagada. Fría también. Algo te acaricia la espalda. Cuando vuelves la cabeza, te das cuenta de que sólo es un folleto de la tómbola, que ahora grita callada, mientras el mundo duerme, y los fantasmas de los niños se pasean agarrados a la sombra de sus padres por la interminable calle ferial, de la que ahora queda tan sólo el viento, el frío, y los papeles de una tómbola desesperada bajo la mirada de la colosal noria. Puede que ya no quieras levantarte del suelo, que tu corazón helado quede pegado a él cuando se descuelgue. Y, sin embargo, bajo los susurros atronadores de la ventisca, todavía se divisan las grotescas melodías de tus himnos juveniles, que ya no son como los fantasmas que ves pasear a tu alrededor, sino que esta vez son reales, o, al menos, tanto como las señales de tráfico que bajo tus pies pierden el sentido. Quisieras correr hacia ellos. Puede que mañana, cuando creas haberlo conseguido, te des cuenta de que no existen, que eran igual que las ánimas de los chavales. Pero ya estás de pie, corriendo, y ya no puedes dejar de correr. Ahí las melodías libertarias resucitan en ti, y llevas tu mano, sin quererlo, como arrastrada por el viento extinto de tu alrededor, hacia la espalda, y reconoces el acero de tu espada de plástico. Vuelves a querer destrozar canciones, construir castillos de arena, levantar tu voz por encima del mundo, galopar sobre caballos de cartón, reír tras las praderas de cemento, añorar lo que será pasto del olvido, alborotar todos los prejuicios. Vivir y montarte en el tren de la bruja para sentir ese miedo inocente e infantil que nos hace temblar y nos recuerda que, ante la adversidad, se puede sonreír. Es ese el instante, cuando comienzas a creer en utopías morianas, en el que la noria vuelve a girar

Directamente, Ítaca



DESDE el primer momento en el que un ser humano se da un encontronazo con la isla de
los sueños, la isla del destino, la isla de la vida, Ítaca, nuestra alma y nuestra mente comienzan
a dar vueltas y vueltas, y nos preguntamos dónde puede estar, cómo encontrarla
y cómo poder habitarla. Al inicio del viaje diríamos que Ítaca es el lugar
que nos espera, la paz ansiada, nuestros sueños cumplidos, la residencia de la felicidad,
el encuentro con el amor, el paso hacia una vida plena en la que has cumplido tus
objetivos, la calma después de la tempestad, el lugar al que siempre queremos llegar. Resumiendo: el objetivo, el fin del camino. El fin del camino, el fin del camino, el fin del camino, se repite constantemente tu cabeza. Entonces vuelves a pararte a pensar y la temes, porque sabes que si la alcanzas, has llegado al final, que el viaje ha terminado. Entonces ya no quieres cruzarte pronto con ella, porque sabes que es el fin de tus sueños, y por lo tanto el fin tu libertad. Sabes que si te encuentras en ella ellos habrán quedado al otro lado del océano. Por lo que el miedo te hace quererla olvidar, te hace desestimarla.
La conviertes en un mero espejismo, una esperanza vacía, falsa, por la que luchas siempre en vano y por la que dejarás de luchar, pues la consideras una ilusión sin sentido que, una vez alcanzada, te encierra y te lleva a la muerte. Y la llamas muerte, no ya a la que todos estamos condenados -pues de esta queremos huir, y, por lo tanto, nunca emprenderíamos un camino consciente hasta ella-, sino una muerte peor, la de sentirte humano, es decir, la de tu libertad y tu derecho a soñar. Y no es que cuando la alcancemos no podamos seguir soñando, pero si esto fuera así, todavía no habríamos llegado a la auténtica Ítaca.

Estas últimas reflexiones me hacen detenerme en una frase: “no ya la muerte a la que todos estamos condenados -pues de esta queremos huir, y, por lo tanto, nunca emprenderíamos un camino consciente hasta ella”. Hacía Ítaca emprendemos un camino, sin Ítaca nunca emprenderíamos ese camino, sin Ítaca nunca hubiéramos creado un sueño, sin Ítaca nunca hubiéramos disfrutado nuestra libertad. Entonces es cuando no damos cuenta de que nuestras dos reflexiones anteriores no se anulan la una a la otra, si no que van de la mano. Ítaca es “inicio”, y por lo tanto ya es el sueño en sí, el sueño es sinónimo de Ítaca, pero Ítaca también es el fin por el que lo emprendemos, no se entiende sino como un destino al que queremos llegar. Ítaca es principio y fin. De lo que no nos damos cuenta es de que ese fin ya lo hemos alcanzado al emprender el camino, al alzar el ancla y hacernos a la mar. Ítaca, como destino, ya no importa si es alcanzada o no, pues una vez en la travesía
llegar a ella es lo de menos.


Sabemos que es la que nos ha hecho partir, que el viaje es Ítaca, que ya la hemos alcanzado.

Cien noches


Cien noches por la estepa de castilla
Cien noches en las que el sol abrasa
La luna no ves reflejada en la espada
Cien noches por la arena castellana

Los gritos moriscos tras el río
Pero tú sin rumbo cabalgas
Prestas tu ayuda a un joven desterrado
Para no caer junto a él en las aguas

Hoy de aquí, mañana de mañana
El norte al sur, de una tierra alejada
Con las águilas y las canoas
De tu destino escapas, luchas, escapas.

No esperas la muerte cristiana
Ni la musulmana resurrección
Ni alma, ni envidia ni ganas,
Ni tan siquiera corazón

Solo espíritu de honor, del olvidado
En las fronteras, del castrado
Pos las biblias, por reinos y califas
Por tu amada, y tus ojeras

No eres dueño de un Cid, no
No caes muerto en ninguna nación
No eres el nombrado buen ciudadano
No eres triste ni por compasión
No, no eres

Ya escarmentaste con la sangre derramada
Que en el sur miles de libros manchó,
Ya aprendiste que mataste la fiera condición
De la que ahora el cristiano no escapa

Y el moro sucumbió, destronado, sin dolor
Con tres lágrimas en la caras,
Sin dolor, sin clamor, sin temor,
Sin elevación, sin media luna, sin voz

Ya te hartaste de amoríos prohibidos
De velos negros, de miradas de alquitrán
De buhoneros demacrados, de viejas doncellas
De sopar en el pan, de su dureza
Demacrado el tiempo por una lucha eterna

Ya recoges los ropajes, las miradas lestrigantes
La espada y la armadura
El casco, la maya, la cara dura,
Los vendajes y tu sombra
Te persigue
Las venas de castilla te llevan a alta mar,
Más todavía no es el momento
El buen vino anaranjado lleno hayose
El sol ensangrentado de nuevo al horizonte

Una dama mora, judía, o de cristiana orfandad
Todavía se escucha tras los barrotes,
Tú eres un mercenario de la ayuda
De los que supero la visión, de los que no tiene dueño
De los que un día se liberó

Cabalgas de nuevo, durante más de cien noches
Más de cien noches de tierra
Más de cien noches de luna que arde
Más de cien noches de pueblos cobardes
Una y mil noches de una castilla sudada

Con lanza de hierro y bandera de plata
Recoges la luna de charcas manchadas
De lagunas de azufre y tierra quemada
De una estepa de pobres y hombres de hojalata

martes, 29 de septiembre de 2009

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cronología Por Caótico y Trovador


(Discurso completo del cortometraje "Crono")

5
¿Han soñado alguna vez con viajar en el tiempo? Las sombras se disipan en la imaginación, como en esos días en los que la luz del sol da de lleno en una vieja y olvidada torre del reloj, de la que nada entendemos, que nada alberga, y que todo lo destruye con su aguja.
Señores, nos estamos consumiendo.
La vida poco a poco se va, somos pasto del olvido, apresados en esa ruleta que gira al son de una olvidada melodía, de la que es reina la diosa fortuna. Señores, si se dan cuenta nada entendemos. Estamos aquí, y ¿Qué? El tiempo con sus juegos de azahar manipula nuestro destino, nos roba nuestra libertad y nunca, nunca para.
4
Imagina despertar un día tirado en el banco de un mullido parque, a las puertas de la ya mencionada torre, torre del tiempo, torre del reloj. Ves la puerta entreabierta, y, valientemente, te decides a entrar. En su interior te esperan unas gastadas escaleras, desechas por la brisa de los años, desechas. Y subes agarrado a una barandilla que, como a todos, el tiempo no dejo atrás, y ahora arde con un fuego interior solo forjado por los años. Ves como el tiempo corre bajo tus pies, como explotan los minutos, como la gente llora.
Entonces la cima esta bajo tus pies.
3
Mira, siente, piensa. Tienes el mecanismo del tiempo junto a ti. Te abrumas. No sabes si tirarte, o lanzar una sonrisa.
Podríamos llamarlo cronología. Te planteas como funciona, como pasa tu vida, como la destruyen, la crean, la pisan y la vuelven a crear. Sabes que te molesta cumplir años, que sufres cada vez que soplas las velas, porque cuando se consumen, sabes que te están acercando más a la muerte. Y te sientes atrapado.
Ahora ríe, llora, o sueña.
2
Tratado del odio, tratado del egoísmo, tratados, tratados y tratados. No sabes como vencerlo.
Seguro, queridos espectadores, vuestras mentes ahora estarán dando vueltas sobre como vencerlo. ¿Seréis tan valientes para descubrir la manera de hacerlo? No lo creo, os llevaríais a mucha gente por delante, habríais de ser egoístas, despreciar la muerte, y dar un paso por encima de ella.
¿Saben qué? Las torres del reloj nunca existieron, son normas de este falso mundo platónico. Ni tú ni yo existimos. Ahora mismo no pasa el tiempo. Ni el aire, todo esta parado a mí alrededor. Sin embargo, para ti si pasa, porque todavía no lo has vencido.
1
Aquí tengo la respuesta, en este efímero papel de un sueño. Solo te diré que si tú mueres, solo podrás vivir de una manera dentro de cada una de las personas de esta sombra. Solo de una manera. Adivina, adivinanza. Adivina adivinanza. El tiempo pasa, el tiempo pasa en esta podrida torre del reloj. No sabréis lo que es porque todo arderá con la respuesta, haciendo una funesta alegoría a Cronos
0

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ardiendo




Estoy quemando unos poemas

Sangran los versos y sangran sentimientos
Sangra la tinta con mi alma escrita en ella

Están ardiendo unos poemas

Apestan de lujuria y de amor
De noches vacías, de versos de plástico
De juegos, de vino, de alcohol
Apestan a tu perfume

Estoy destrozando mis palabras

Quemo mis letras de madera
De corteza, de manzanas robadas
Y arde como una noche sin tí
Con una llama negra, calcinada.

Y me gusta ver el fuego reflejado en mi cara
Destruyendo mi alegría y mí sed
Mis delitos, tus miradas, mis porqués
Consumiéndose en sí toda la rosa
Me duele la cara de tanto llorar
Me da igual que en gotas se caiga
Lo que un dia fueron altas murallas
Lo que fue mi himno y mi delirio
Tu destino, mi capricho

No me importa ya que alumbra mi despacho
El pasillo donde ahora vivo
Entre tu habitación y el laberinto
Porque no quiero salir

Me la pela, me destroza, aunque me encanta
Ya que no paro de reír
Cuando mueren mis suaves notas
Cuando el humo las calcina sin dudar

Estoy ardiendo junto a mis escritos

Nada queda de lo que soy excepto mi carne
No quedan ni mi alma ni me mente
Ahora duermen en las cenizas de una hoguera
Que a medianoche ardía, que a medianoche ardía

Pisoteo las letras, las palabras, los versos,
Las estrofas, los “te quieros” los abriles,
Las dulces majaderías, las reprochables osadías
Quemo todo en arena de mar

Y ya no pienso, ya no soy, ya no existo
Si mi pluma arde yo ardo con ella
Si me escrito muere yo muero con él
Mientras ahora exhalo ya mi último suspiro.

viernes, 21 de agosto de 2009

Inmoral

Desnudos estos versos a tu lado
Con estrellas grises y cielo nublo
Para mí lo más hermoso de su todo
Que me regale todo lo que ha dado
Solo lo poco que ella tuvo

Dormir sin ti escuchando tus baladas
Tus poemas, tus historias, tus facetas
Nuestra guerra del pasado
Nuestros cafés sin las copas en los labios
Sin las manos en los brazos

Y despacito mientras cría que dormías
Te susurraba suavemente al oído
Te preguntaba en sombras si me querías
Te lo decía suave pero intenso
No sabía que me oías

Un pájaro por la ventana se adentró
Nuestro sueño interrumpió y
Sin quererlo, o sin querer
Tú te fuiste de mi lado
Te convertiste en mi pasado

Yo sabía de sobra que mi vida entera
Dependía de un suave hilo que se rompe
Con el canto de cordero en la manada
Con el aire que se mueve por la sala
Con la brisa de tus alas

Pasaron los años y no te volví a ver
Y cuando dormía, tus venias
Te adentrabas en mi cabeza
Te acurrucabas mientras unas lágrimas caían
Por encima de la mesa

Te convertiste en lo que hoy mi todo es
Mi presente y mi ayer
Mi parís aguado por la lluvia
Mi sala de juguetes calcinada
Mi solitario champagne francés
De sobra sabes que nunca te olvidé
Que por ti dejaría la vida entera
Que los domingos por la tarde renacerían
En un otoño en tonos marrones


Dejaría de mirar a tu tejado
A tus ventanas desde este escenario
Donde se desarrolla la más terca obra de teatro
En la que un pirado espera algún milagro

Una obra sin guion ni artificios
Una obra que depende de un colgado
Que no mueve nada por el cielo

Que desprecia el tiempo consumado
Que me tiene atado año tras año
Que me miente diciendo que ya te has marchado

Boca agria, no sabría que decirte
Hace tiempo que te espero
Desde este lado del sendero
No me mires no te quiero
No te quiero sonreír

Destruiría tus sonrisas con mis labios
Tus miradas, tus palabras, tus zapatos,
Los te quiero sin palabras y sin gestos,
La paz en el reino del infierno,
Y los versos como ya más de una vez he hecho

Tras mi cortina negra de humo
Tras mi capa de chico duro
Tras las casas de palillo
Tras las despedidas sin ti

Tras las noches escuchando tus poemas
Tras los llantos y lamentos
Tras los caros medicamentos
Tras las noches sin tu luz

Tras las camas desechas pocas veces
Tras las miradas
Tras los gestos
Tras el mar

Tras la arena de un reloj destartalado
Tras de ti alejándote al océano
Tras la vida
Tras la muerte

Tras tus ojos amaneciendo a mi lado
Iluminando con su luz el mundo entero
Se desnuda mi te quiero
Mi “ya no quiero correr”

Mi mirada despistada a la multitud
Donde entre el ruido y la gente
Te mire sin pensarlo de repente
Justo en el instante cuando me mirabas tú

Y fue cuando una sola voz conseguí oír
Solo una de entre tanta pulcritud
Tanto tiempo buscándola entre la multitud
Y por fin la he hallado

Fue sin querer, como si estuviera planeado
Habían pasado ya más de mil noches
Quizás unos días, y miles de deseos alados
Para que en tan solo un poema
Apareciera tu amor plasmado.

martes, 11 de agosto de 2009

De unas musas y un tejado

De pequeño siempre soñé con el Parnaso.

En las tardes de domingo descubrí

que las musas nunca llaman a mi puerta,

que el deseo es el que babea tras de ti.


Asqueado por contar un solo verso

en el bosque, con las hojas me mecí,

pues nunca quise convertirme en marioneta

en las noches me arrancaron de raíz


Nunca quise confundirme en las paradas

Nunca quise imaginarme sin candil

Nunca quise conseguir tus ojos tristes

Nunca amé el tenerte sin sentir.



Solo pude esperar en el tejado

Los otoños maniatados en tu abril




Y esperar el olor del carbón mojado

El azar de nuestras juagadas de parchís

El calor del cemento recién echado

Y el silencio que utilizo por vivir


Reiterando mis armas de artificio
De palabras, de juegos, de morir,
De conversaciones de historias de plata
De noches de oro por no poder dormir

Yo ahora solo canto al Parnaso

Por los viejos domingos descubrí
Que las musas nunca llaman a mi puerta
Que solo hay una por la que yo deseo morir


Nunca existieron los puntos y aparte
Nunca he amado el amarte o dormir
Solo quiero ver el cielo tras mil ventanas
Y en las nubes ver reflejado tu perfil

Solo pude esperar en el tejado
Los otoños maniatados en tu abril

Nunca jugué para tenerte entre mis brazos
No jugué para calmar mi dolor
Olvidé que estabas al otro lado de la mesa
Que mis pies no alcanzaban tu violín

Conseguí trasportarme a un mundo nuevo
Con tu perfume y unos versos de tus manos
Con la muchedumbre pasando por mi lado
Contigo al frente no la pudo percibir

Olvidé que eras parte del pasado
De un futuro de mi alma alejado
De un presente con amor civilizado
Que eras parte de tu adorable sentir


Sobreviví del cajón de las migajas
Olvidado en el olvido junto a mi


Ya es tarde para amarte en esta vida
Por eso he muerto, para no poder vivir
He esperado siempre con los zapatos puestos
No me importa desgastarlos, no me importa

Nunca fui de los quieren quererla querer
Nunca estuve engañando mi opinión
Mi silencio tiene alas de hojalata
La costumbre me robó el corazón

Pero ahora tengo algo mas conflictivo
No me deja ni pararme a dormir
Me transporta por las noches a tu cabeza
No me deja hacer otra cosa que pensar en ti


Solo quedan unas manos escondidas

Solo quedan las ventanas y el perfil

Solo tengo un tejado mas que aguado

Solo existe una musa en el jardín

jueves, 6 de agosto de 2009


Encontré atado a una paloma
Un amante sin los pétalos de rosa
Un lamento sin el viejo olor a bar

Desechado y tan muerto de optimismo
Escribió una carta a si mismo
Comprendió que no podía volar

Utilizó el sombrero de armario
Y organizó sus sentimientos en catálogos
Descubrió el amor enamorado
El carbón, con el hielo esperando

Moriría por querer amar a ciegas
Rompería los rosarios con viruela
Quemaría a los pobres feligreses
Por poder ser un Cristo resucitado

Rondaría las faldas de la mesa
Por perderse entre cualquier maleza
Por habitar los barrios de farolas
Por no ahogarse en su mar de cristal

Tiraría las miguitas al camino
Construiría sus puentes de palillo
Crearía carreteras hacía ti

Llevarían a castillos de arena
Con persianas y puertas de cera
Con un sol sin luces de madera.

Caería al vacio de tu sombra
Al tirachinas tras tus zapatos de goma
A la balanza que me vende al destino
Al cometa que jamás descubrí

Y me duermo en la cresta de las olas
Me despierto en un cielo de lona
Esperando caer a la tierra
Muriendo en la noche que nací.

Estaba tan perdido en la plaza
Esperando trenes que no esperan
Dibujando soles en la niebla
Cuando el auto pasó ya sin mí.


Me despido hasta próximos caminos
Más allá de donde espere el destino
Donde viviendo pueda morir
Por no haber muerto en lo vivido

miércoles, 5 de agosto de 2009

Llanto al tiempo por sus juegos de azar


Le conté mi secreto más profundo a la noche
Desperté a la mañana con un ramo de flores
Desquicié a la cama por dormir tus canciones

Le lloraba al tiempo por sus juegos de azar
Olvidaba la noche en la que los conocí
Corrompí mi cabeza con absurdos valores

Agarré los barrotes de dormidas prisiones

Escondí los bastardos de la flor del jazmín
Escuche gritar amazonas llegar
Amansar corazones de unos niños pequeños

Acurrucar la pasión en un tarro de heno
Recordando promesas ¿Dónde quedan los sueños?
¿Dónde buscas las islas? ¿Dónde vives sin ellos?

La brisa corría, la dirección existía

Quizás sea el miedo el que no te deje partir
El sudor en la frente al mirar justo atrás
El calor que despiden las jaulas de paz

Las balanzas de pánico ciegan otra realidad
La barcaza hace aguas nada más empezar
Y el sol calienta demasiado en el cielo

Las estrellas murieron por brillar tan de cerca

Tiñado de sangre vemos ahora y siempre el mar
Las olas, la espuma, cansadas como la sal
Y al vaivén de las olas te despierta sin sueños

Tiritando de frio deseas en otra orilla despertar
Encontrar tu cabello sin tener que escribir nada
Desear que los vientos nos hagan volar

Habitar moribundo los valles y praderas

Dormitas bajo un puente con las horas contadas
Esperas seguir de pie por soñar con un sueño
Que como una flor marchita muere con el tiempo

Pero lo que muere con ella, renace del cemento
De las noches vacías soñando con tu aliento
De escribir en el vaho de muy sucios cristales

Y las calles mojadas ven como crecemos

Desgastar papel y lápiz malgastando saliva
Escribirte cansado hasta morir de fatiga
Condenarme a un descenso que no conoce fin

Recorrer mis memorias porque sé que te encuentro
Que las hojas del parque ya narraron mi cuento
Pues era parte del argumento el caer y nacer

El morir por un verso no significa nada para mí

Como un fénix volando de cenizas y flores
De sus llantos y penas mojadas en algodones
De gorriones atados a sus lentas canciones

Dormíamos acongojados abrazados al cochón
Esperando tranquilos que desde un cielo cayera
El famoso arquero que nos haga morir

Un túnel del tiempo donde te espero a ciegas

No me importa el futuro, no me importa la guerra
Me quemaré sin reservar, descenderé mi caverna
Que me diga quién soy para descubrir quien fui

Si las noches en vela me trajeron tu mano
Ahora espero a las aves para verte una vez más
Serán los céfiros quien traigan tu aquejada despedida

Moriré sin reparo por dormir otra noche

Lo que iba a ser un poema para olvidar
Se convirtió en una especie de dilema moral
Donde el amor y la muerte se reparten las cartas

Donde escribo pensando que debes de existir
Que no estoy solo en mi isla tirado en el tapiz
Contando las estrellas para echarlas al agua

Desperté en un abismo…del que no quiero salir

miércoles, 29 de julio de 2009

Romance de las Islas

Despertar en otra arena
Y circuncidar mi tiempo
Despertar soles dormidos
Conquistar el cruel veneno
Coronar la calavera
Con unas rosas por lecho
Con dos pozos delirantes
Y delirantes maltrechos
Que son jinetes que vigilan
En la cresta de las horas
Que inundan toda paciencia
Y cortan las amapolas
*
Pero dos locos se escaparon
Por vivir siempre en las otras
Realidades ilusorias
Que se forjan en la sombra
Que en la sombra se destruyen
Que en la sombra se reinventan
Encontrándome desnudo
Encontrándote desnuda
Solo que al mirar a las nubes
Solo se ven camas desiertas
Están los cuerpos vacios
Sin las almas somnolientas
*
Me encontré cuando despierto
Y mirando a la ventana
Vi caer una y mil gotas
Era el cielo que lloraba
Era haciéndome un idiota
Descubriéndome en tu pelo
Devorome una gaviota
Conociendo el frío acero
Recibí el frio agosto
Tras el marzo abandonado
El abril resucitado
Después del junio aguado
*
Eran noches de miseria
De dormir en tu tejado
De querer volar atado
A monedas y portazos
Pero el mayor despertar
Se divisa ahora muy lejos
Con la luna almidonada
Y el desastre de los cuerdos
El triunfo de la locura
Con el cielo encapotado
No vendrá hasta que sufra
El amor siete pecados
*
Son caminos separados
Por mas de una verja aislados
Con palabras enjauladas
Con un verso en cada mano
Las parodias de farolas
Hay que ahorcarlas en el árbol
Me despiertan a deshora
Me conducen a naufragios
Naufrago de mares desiertos
Intenta descubrir la senda
Que le lleve hacía las islas
Y condene las condenas
*
El sol escupe emparentado
Con camellos del pasado
Con la droga que me hunde
Y me quiere aprisionado
Pero la mayor libertad
Vendrá al mantenerme atado
Al morirme acuchillado
o sentir mi pena al lado
Espero la suave brisa
Que me indique la parada
Y que haya alguien en la isla
Y no yo y lunas de
plata.

martes, 14 de julio de 2009


Escribo para poder estar a tu lado

En lo abstracto de la vida

En lo irreal de la poesía

Crear, sufrir, soñar


Crear bosques con papel celofán

Nubes de algodón

Barcos de papel

Para nadar por un cielo de sueños

Volar por ríos de plata

Correr en el aire

Para ser un lobo aullando a la luna

Ser tu noche

Escribir tu piel

Y morirme al descubrir la laguna

El acento del puente

La cuerda partida

La flor marchitada no imagina praderas

El azabache sin blanco

El camino sin piedras

Sangrar por caminar sin camino

Imaginar una isla

Llorar su océano

Viajar en un barco de esclavos

Remar atado al mástil

Por no escuchar sirenas

Enfrentarme al demonio siquiera

Venderle mi todo

Por tener recompensa

Sin alma ni dueño, sin razón ni cabeza

No escribo nada

Derramo mi sangre

Desnudo mi angustia al lector desterrado

A quien entiende el lamento

A quien lucha de espanto

Preguntas al viento lanzan estatuas del pasado

Oxida sus cuerpos

Desnuda su alma

Como ellas encuentras al poeta olvidado

El alma en el puño

Y el corazón en la mano

Con el cielo agarrado por los cinco costados

Derramado entre dedos

Arena del tiempo

Con barro ahora por mi cuerpo descalzo

Con una gorra protectora

Contigo a mi lado

Porque no albergar no significa no tener

Sentimiento que mata

Nunca muere

Sentimiento que no mata muere

Piedras que no dañan

Camino para nada

Mis lágrimas son letras derramadas

Son alma de tu cabello

Es tu sol en mi ventana

Son luceros de tus ojos los que alumbran

Los que guían mis manos

Los que dan sentido

Encontrar el cielo en la tierra es posible

Solo hay que mirarlo

Y escalar la montaña

Pero las cuerdas están rotas y desafinadas

La vida ha roto la guitarra

No le deja cantar

Dioses antiguos han conjurado este libro

Ni el ángel caído

Puede cambiar mi destino

Y luchar para hablar entre tanto ruido

Es crearte mil versos

Y acariciarte con ellos

Para agarrar fuerte tus manos y volar

Solo con leerlo si ya están

Las plumas dibujadas

Porque es ardua tarea el camino incorrecto

El perfecto sendero

Que guía mis pasos

Conseguir llevarte a nuestra isla es la tarea

Aunque el mar este seco

Aunque la barca no exista

La veleta se paro, ella esta aquí dentro

Un pájaro até a mí

Y me llevo a tu lado

Intentar describir un sentimiento

Es darte lo que él mismo es

Es narrártelo de mil maneras

Quiero llevarte a esa isla de mi mano

No me sueltes

Caminaremos sobre el agua

Entonaré todas los notas susurrados a tu oído

Tú serás el alma

Yo seré el plectro

Te llevaré a un mundo donde los bosques sean de celofán, los ríos de seda, las nubes de algodón, y tú, estrella, su alma.

sábado, 11 de julio de 2009

Días de mirar el cielo.

Horas y horas de rotos silencios,
hojas y hojas de mudos escritos,
noches y noches mirando a la luna,
de pensar tan solo en el roce de tu cabello…
De no saber si hacías lo correcto,
de no saber qué es lo que te poseía,
de no querer pensarlo..
De no encontrar dirección,
y saber siempre tu destino.

Días de búsqueda y tormento,
mirando al cielo.

Mensaje en una botella




No existían las direcciones bajo ese mundo submarino, no existía el sol, ni las estrellas, solo el agua que nos acurrucaba en su inmensa soledad. Solo las olas que apaciguaban nuestros lamentos, y nos llevaban el uno con el otro, mientras algo tan abstracto, raro y real hacía el resto. El cielo nos protegía y no hacía falta nada más. Pero el dulce sonido de las gotas se esfumaba cada cierto tiempo, y nos separaba, y nos arrastraba lejos, muy lejos de nuestros sueños, junto con el vaivén de las olas.
Y llorábamos solos, y reíamos solos, y lo olvidábamos solos, y ansiábamos sin quererlo volver a encontrarnos bajo la llave de ese inmenso océano, juntos, con el vaivén de las olas.

....

Morir cuando suena una balada

Y Vivir cuando muere mi ilusión

Soñar con los sueños de argonauta

Y sentir suavemente mi prisión

De mi tierra al nacer fui desterrado

La distancia la contaron los años

El silencio que susurras a mi oído

Sin quererlo te obligas a sentirlo

Postrado en una barra mientras gira

Un mundo alejado de mi mismo

Un lugar donde abundan los abismos

Un camino destinado al precipio

Y al caer volar sin destino

Sonreir por sentir lo sentido

Destinarme a un sendero sin futuro

De esperanzas rotas forjado

Y mirar llamaradas de plata

Y mirarte andando descalza

Arena de hormiguitas aladas

Te levantan castillos de escarcha

Y mentir como no sentir nada

Y fingir ser soldados de plomo

Burlar y callar bien los nombres

Que a canciones y odas responden

Huiré de un color tan mundano

Por amor lo jamás deleitado

Por mirar el cielo anaranjado

Y mirar tus dos ojos de caucho

No poder consentír la doctrina

Que rompe el egoísmo ilusorio

Que me hace sentir tan lustroso

Y tan lleno a la vez de resina

Derretir tu barrera de cera

Y adentrarme en tu ser dulce estrella

Responder mil preguntas al viento

Sorprenderte al decir un “te quiero”

Y al volver a mirarte los ojos

Ver que no existen fronteras

Que el pasado jamás existió

Que un paréntesis era un “espera”

jueves, 9 de julio de 2009

Escribo para tí.



Escribo este poema para tí,
para que puedas verme,
para que puedas tenerme
bajo el vaivén de las olas.
Para que el ciel
o nos cubra
de los ojos escondidos.
Para que puedas sentirme.

Para que el agua nos cubra
y crear nuestro mundo de palabras,
para no tener miedo
de sentir el viento
y poder acariciarte como él.
Para susurrarte canciones al oido
bajo una luna mágica.

Y tenerte tan cerca de mí
aunque tu cuerpo esté vedado,
para poder acariciarte con versos
y pintarte en el cielo los sueños.
Para que todo lo que nos separe
sea simplemente el material y la carne
y en el aire juntos estemos.

Escribo para abrazarte.
Estar sobre la estrella y la nube,
sobre la sal y la espuma,
y para mirarte en el cielo
acostada sobre la luna.
Para regalarte un atardecer
con el sol lejos, en el horizonte.





domingo, 5 de julio de 2009

Los versos olvidados...

Llamar a la noche primavera
Y sacar sin querer el amor de dentro de una chistera
Contar hasta diez en un parque
Y beber atragantado la espera

Mirar a los ojos tu locura
Pensar que no existe la razón
Parlar como un gato en un tejado
Y empaparte con el brillo de una estrella

Y creer que el olvido era ceniza
Que no existe corazón venturero
Que en la conquista murió el conquistador
Que usaba el árbol de ropero

Y cantarte al viento una y mil veces
Y llorar cuando no caen las palabras
Sumergidos en un profundo vals
Que ahoga con su pasos la inmensidad

Callaras lo que más quieras pocas veces
La oportunidad la robaron luchadores
Ocasión tras ocasión lo descubriste
Y bajo la luna triste te destrozaste

Ahora añoras el parís iluminado
El manjar de la miel de tus labios
El perfume de veneno azucarado
El poema de los versos condenados

martes, 9 de junio de 2009

Imagen en la laguna




Seré encontrado en los arboles
Seré ahorcado en las flores
De las noches más oscuras
Que lo oscuro de las pieles
Dan a conocer su amargura
Y envenenan a quien las hiere

Deseando de hallar
En la vida una verdad
No hay más sentido que el vedado
A los ojos egoístas
Ya que todo ser humano
Busca excepto lo esperado
Todo aquello tan mentido

Y tic tac tic tac ya pasan las horas
Y puede que segundos
Y esperas aquí sentado
A encontrar las venideras
Hojas traicioneras
De poemas enterrados

Ningún sentido hallo en la razón
Cuando el espíritu olvidado
De el olvido y el pasado
Rascan en mi memoria el lugar
donde quise aprender a amar
y su lugar aprendí mi acento mortal

de otoños ya muy grises
y grisáceos contrapesos
de sangre no muy adulta
de condenas y sospechos
en lagunas de mi tiempo
que me entierran en sus puestos

y ya una vez en la orilla
ves tu imagen en el agua
no sabes si robarlas
o prefieres propinarle color
solo quieres que se cumpla
lo que tanto tiempo ansió
el dotarle una ilusión
y continuar sin tren alguno.

amar llaman jugar...


Amor llaman jugar
Amor llaman amar
Amor llaman mentir
Amor llaman robar

Querer rediseñar
En una canción el amor
Es delicioso manjar
Para el fugaz trovador

Dolorosa tarea
El mamar el dolor
Arropada maleza
Que araña el corazón

Y seguir sin abrigo
Bajo diluvio interior
Rajar los paraguas
Y seguir amando amor

Querer compartir
Y solo desobedecer
Matando a las nubes
Y viéndonos crecer

El odio en la sangre
Y calor en el alma
El amor en las venas
Y su interior azabache

Carpinteros del tiempo
Forjan canciones
De olvidos bañados
En lo mortal de las noches

Y querer disfrutar
Y amar lo peor
Lo peor empeñar
Aunque cueste la razón

Y aún así, por la tarde
Vuelves a morir
Caes bajo una farola
Cuando vuelves a partir.

volar...


Dudar un momento en si mirar al cielo
Y mirar tras de mi al suelo y desechar
Oír que tras la luna se encuentra un cantar
Que invita a volar y quitarse el velo

Dejar de llorar y emprender el vuelo
Ahogar las gargantas al no manjar
Creer que danzar es igual a un bailar
Y cuando llega llamar desconsuelo

Palomas cansadas vienen prestando
Plumas de sueño en ala encadenada
Noches tras lunas con soles chillando

Soplando a las nubes rasgan la espada
Fuerza desierta en desierto mojado
Saltando al vacío en una estocada.

Cerrar los hojos (Anthony--) y ver el sol (--and the Jonhsons)

Cerrar los ojos para ver el sol. Apagar el viento y escuchar el dulce canto de una sirena. Abrir el corazón para volar.

Deambulan las notas somnolientas bajo el atardecer primaveral, y encuentran la voz. Encuentran el corazón, y es entonces cuando cobran vida y son susurradas al aire. Llaman tras el alma lo que suena en tus sentidos, apagando el ruido mundano, apagando los coches, los pasos, las gotas al caer y nos hacen mirar hacia arriba, al cielo. Y de repente, naciendo en un piano, miramos valientes al cielo, sin miedo, sin sombras. Y queremos ser pájaros, eso es lo que tanto ansíanos, volar, danzar con el humo de los rotos corazones, tocar las manos desesperadas de un preso, para luego mirar por encima de unas gafas los exasperados corazones hundidos en sus océanos de dudas, y hacer que nazcan, lanzarlos al vacío y susurrarles pausadamente que no tengan miedo. Buscar la libertad en un barco ya hundido, sacarla a flote sin contemplaciones. Llanto interno, contribución al inmenso mar, a nuestro propio mar, ese que queremos secar. Y no encontrar más que el aire atrapado bajo las gotas de fuego, y querer ser, por fin, un pájaro, y volar.

Traspasar las barreras morales que ataban la homosexualidad y conseguir llevarla a la universalidad haciendo que el problema de unos se convierta en algo con lo que todos podríamos sentirnos identificados en aspectos generales es lo que este grupo de Nueva York ha conseguido con lo sublime de su música, transportándonos a una catarsis espiritual en la que el cielo y el infierno se transforman en poesía entremezclada con un suave “pop de cámara” que nos adentra en su temática personal acercándonos al blues y al soul mas intimístas .

Sentido en nuestros sentidos nos ofreció un tal señor, de melena y aspecto cerrado, con un oscuro cabello y piel de color nevado, lagrimas de pianos extraviados en un rincón, salidas a la luz y venidas al color. Y encontrar la armonía, para no ver tan oscura la luna bajo un cielo que, tras un dulce gorgoteo de palabras, crea un diluvio en nuestro interior. Sí, un diluvio que transcribe algo, que nos hacer escuchar unos versos soñados por las plumas de las alas libertarias. Y así decían esos versos:

I am a bird girl now
I've got my heart
Here in my hands now
I've been searching
For my wings some time
I'm gonna be born
Into soon the sky
'Cause I'm a bird girl
And the bird girls go to heaven
I'm a bird girl
And the bird girls can fly
Bird girls can fly

La personalidad la puso la sirena, Anthony Hagerty, la voz y el piano, cuando de repente surgió todo lo demás tras un performance neoyorquino. Y llovió la magia y surgió la brisa, y el aire trasladó el cálido himno a través de la tierra. El problema de su sentir transexual en una sociedad homófoga desde la cuna no supuso obstáculos, pues la majestuosa calidad de su música incita desde el inconsciente a saltarlos, y la convierte en algo mas allá, en algo universal, algo que traspasa los inconvenientes materialistas de un mundo opaco contra las minorías. Y les da una categoría universal.

Llegar al cielo, tras pasar las cortinas de nubes. Sí, cerrar los ojos y ver el sol. The Johnson eran el cuerpo, el alma una voz, Anthony, la sirena, capaz de sobrepasar unas barreras ficticias de realidades atroces, y atroces materiales. Oprimidos arbitrarios y oprimidos que gritan susurros de paz. Y llegan, y se desplazan con las nubes, y justo en el momento del forzoso aterrizaje, traen la lejana paz de su transporte. El olvido de lo vano, y el encuentro con el mundo. El encuentro con la vida. Y tras unas míseras canciones recordar que ahí algo siempre por lo que buscarte a ti mismo. Y tras unas míseras canciones dotarte de alas, y soplar contra los vientos. Y tras estas míseras canciones querer recuperar la vieja capa de quimeras y quejidos, y sin embargo nunca más poder. Y no querer morir sin encontrar un sentido al dulce llanto, tras la larga melodía que esconde una negra melena, tras el viejo disco de un armario que llama al amor sin barreras, a ese que llama al miedo a tener miedo a algo, y a volver repetir en la inmensidad del espacio ese himno que destierra a la noche y abre el corazón para volar, hay se encuentra el andrógino muchacho.

Cuando los violines y el bajo y la guitarra y las percusiones y el piano sonaron se abrieron las vendas, y la humanidad escuchó. Tras miles de luchas y miles de injerencias, tras frenéticos atropellos y miles de afrentas, tras gritar soy mujer y que nadie lo entienda, cuando tras querer unas alas y pintarlas al viento, llegó un momento en que algo cambio. Y ahora, mayoritariamente se aceptan. Por fin la razón pudo al estupor y el color de las divas alcanzó el corazón. Se abrieron las puertas pero aún queda largo camino por recorrer en lo ajeno de la noche, pues todavía existen retos y tabús que, como narran sus coros, aun quedan por vencer, y esto, con su música, traspasa la piel y nos conmueve a todos.

Cuando uno sean todos y todos sean uno al otro lado de la valla que atrapa al viejo mar, en el efímero instante tras el cual escuchamos la llave de nuestras fronteras, un poco más arriba del infierno. Poniendo melodías a mis letras, escuchando la banda sonora de la desdicha y el amor, escuchando Anthony and the Johnsons, no quise decir nada, y sin embargo ya lo he dicho todo.


jueves, 7 de mayo de 2009

El árbol y el viejo


Una vez conocí a un hombre. Callado. Silencio siempre alrededor de él. Estaba sentado a la sombra de un viejo árbol a las afueras de mi pueblo. Este “hombre” le narraba historias a ese árbol y, de repente, con una racha de viento, la vida paraba por un instante. Narraba como hablaba, balbuceaba sus palabras al los agujeros de su vieja piel. El árbol atendía, miraba su negra cabellera, y, otra vez con una racha de viento, el tiempo se volvía a parar. Eran largas horas a la sombra de ese viejo árbol, que respondía con largos poemas acerca de una tempestuosa vida pasada. Caía la noche y los personajes hablaban y hablaban. Una noche la tormenta llegó y, por arte de magia, el hombre, con vieja gabardina, cuaderno en mano, sacaba un pitillo y el calor llegó a esta estampa de invierno. La luna respondió como debiera, haciendo desaparecer las nubes, y las largas horas de magia y de vida seguían su ritmo, brotando palabras y creciendo relatos, arraigándose a un suelo que cada vez era más fértil. Un día de repente, una niña llegó al austero lugar. Y claro, quedó rendidas a los versos del viejo árbol y los relatos del aquel cansado humano. Era abrumador ver como esa niña rellenaba hojas en blanco con miles y miles de apuntes acerca de todo lo dicho. Y lo que era todavía mas abrumador era ver la cara de la niña al caer la noche, cuando debía partir. La niña creció y creció a la sombra de este par de viejos, al abrigo de las letras y la musicalidad de sus palabras. Tal vez por casualidad, tal vez por desgracia, la noche en que el viejo hombre le regaló su gabardina para que se protegiera del frío, continuó con meses enteros en los que la muchacha, una jovenzuela… una jovenzuela a la que cualquier persona se hubiera sentido afortunada de conocer, no apareció por allí. El hombre y el árbol seguían sus charlas, y a la muchacha le sucedieron miles de chiquillos más, siempre alimentados con los poemas del viejo árbol y los relatos del viejo viejo. Un día la muchacha regresó, pero ya no era la joven dulcinea, si no una dulce mujer mayor. Era profesora, y bajo el brazo traía el primer ejemplar de su primer libro, el cual estaba dedicado textualmente “a ese viejo y ese árbol que me dieron la vida”. Lo plantado había dado fruto…y esa misma noche, el viejo murió. Quedó allí por siempre, a los pies de ese anciano árbol poeta, al que ahora, una joven muchachita, que era profesora y acaba de escribir su primer libro, acompañaba cada noche, y era ella la que ahora mostraba el dulce gorgoteo de las palabras al reposar en tu espíritu a los miles de chavales que paseando por allí, encontraban, de repente, y como una de esas casualidades que la vida te depara, cuando no encuentras nada, o no tienes nada mejor que hacer, en esos momentos de la infancia, madurez o vejez, en los que encuentras un viejo narrador y un anciano árbol poeta.

Confesiones de una mujer Barbuda (Segunda y última parte)


Por cierto, en un encuentro con 50 compañías de circo al este de Francia conocí al amor de mi vida (no os preocupéis que no voy a empezar con pamplinas). Era un payasete mayor que yo, que siempre llevaba tirantes con corbata y camisetas de ong’s. Nunca salía sin su nariz pintada de rojo carmín, dándole ese tono tan especial a la vida. Tuvimos una hija. La llamamos Pipi, como la de la serie. La nariz (roja) era de su padre y las trenzas (pelirrojas) de su madre. En fin, una maravilla. Pero como todo viene, todo se va. Y la desgracia comenzó el momento exacto en el que una noche contando historias a la orilla de una hoguera mi barba comenzó a arder. No os preocupéis, nada serio. Solo ardieron las puntas (Voy a matar a los cuatro capullos que están en la barra) El día siguiente, ya con treinta y ocho años, anularon la función que teníamos en un barrio periférico a Lyon. Nos habíamos quedado sin el primer empleo, al que le sucedieron treinta y una cancelaciones más en los dos siguientes meses y siempre por la misma escusa: que si con la crisis no iba la gente, que si no podían permitírselo, que habían dejado de recibir subvenciones culturales, y un sinfín de injurias más. Definitivamente la compañía cerró. Los payasos, malabaristas, trapecistas, hombres gigantes, hombres cañón, enanos, enanas etc. se repartieron por toda Francia, llevando una sombra gris tras de sí, pus no hay nada mas triste que un payaso que no sonríe, ni que treinta soldados de circo sin esperanza. Mi payasete feliz, Pipi y yo nos trasladamos Saint-Omer, una ciudad al norte de París. Mi esposo (que ya no lo era porque nos casamos al estilo del circo, que un día os contaré) jamás renunció a su nariz, por lo que hasta el día de hoy está en paro. Mi hija tiene un buen grupo de amigos y amigas que no la desprecian (aunque siempre existan los cabrones de los niños mayores), está siguiendo los mismos pasos de su madre en cuanto a pelusilla del labio superior, pero es feliz, al igual que yo lo era. Y yo, trabajo en una carnicería, aunque no soporto ver a la pobre carne animal triturarse bajo mis dedos, ni los dedicados ojos de los conejos cuando me miran una vez muertos. Me he dado a la bebida. Si, ¿Qué pasa? ¿Una mujer barbuda no puede beber? Todas las noches vengo a este putrefacto bar y dejo el dinero de los estudios de mi hija aquí. Yo decido sobre ella. ¿Qué más te dará a ti lector anónimo? Quiero que se convierta en una payasa, pero no como su madre, si no en una payasa feliz, de algo grande, ¿el circo del sol por ejemplo? Ah bueno, que mas dará, mientras sea feliz. Llevo ya cincuenta euros gastados en whiskey. Voy a parar y a ver si meo. Le acabo de decir al camarero que si limpia los aseos con su mierda y no veas como se ha puesto. En fin. A quien le va a importar esto, la vida de un payaso triste. Ahora lo tirare y nadie sabrá nada. Seguiré siendo una barbuda rara y borracha que quiere que su hija sea feliz, pero que se gasta el dinero de los ahorros en whiskey. Si, esa soy yo. Buena descripción.