...el detalle, el suspiro...

martes, 29 de septiembre de 2009

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cronología Por Caótico y Trovador


(Discurso completo del cortometraje "Crono")

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¿Han soñado alguna vez con viajar en el tiempo? Las sombras se disipan en la imaginación, como en esos días en los que la luz del sol da de lleno en una vieja y olvidada torre del reloj, de la que nada entendemos, que nada alberga, y que todo lo destruye con su aguja.
Señores, nos estamos consumiendo.
La vida poco a poco se va, somos pasto del olvido, apresados en esa ruleta que gira al son de una olvidada melodía, de la que es reina la diosa fortuna. Señores, si se dan cuenta nada entendemos. Estamos aquí, y ¿Qué? El tiempo con sus juegos de azahar manipula nuestro destino, nos roba nuestra libertad y nunca, nunca para.
4
Imagina despertar un día tirado en el banco de un mullido parque, a las puertas de la ya mencionada torre, torre del tiempo, torre del reloj. Ves la puerta entreabierta, y, valientemente, te decides a entrar. En su interior te esperan unas gastadas escaleras, desechas por la brisa de los años, desechas. Y subes agarrado a una barandilla que, como a todos, el tiempo no dejo atrás, y ahora arde con un fuego interior solo forjado por los años. Ves como el tiempo corre bajo tus pies, como explotan los minutos, como la gente llora.
Entonces la cima esta bajo tus pies.
3
Mira, siente, piensa. Tienes el mecanismo del tiempo junto a ti. Te abrumas. No sabes si tirarte, o lanzar una sonrisa.
Podríamos llamarlo cronología. Te planteas como funciona, como pasa tu vida, como la destruyen, la crean, la pisan y la vuelven a crear. Sabes que te molesta cumplir años, que sufres cada vez que soplas las velas, porque cuando se consumen, sabes que te están acercando más a la muerte. Y te sientes atrapado.
Ahora ríe, llora, o sueña.
2
Tratado del odio, tratado del egoísmo, tratados, tratados y tratados. No sabes como vencerlo.
Seguro, queridos espectadores, vuestras mentes ahora estarán dando vueltas sobre como vencerlo. ¿Seréis tan valientes para descubrir la manera de hacerlo? No lo creo, os llevaríais a mucha gente por delante, habríais de ser egoístas, despreciar la muerte, y dar un paso por encima de ella.
¿Saben qué? Las torres del reloj nunca existieron, son normas de este falso mundo platónico. Ni tú ni yo existimos. Ahora mismo no pasa el tiempo. Ni el aire, todo esta parado a mí alrededor. Sin embargo, para ti si pasa, porque todavía no lo has vencido.
1
Aquí tengo la respuesta, en este efímero papel de un sueño. Solo te diré que si tú mueres, solo podrás vivir de una manera dentro de cada una de las personas de esta sombra. Solo de una manera. Adivina, adivinanza. Adivina adivinanza. El tiempo pasa, el tiempo pasa en esta podrida torre del reloj. No sabréis lo que es porque todo arderá con la respuesta, haciendo una funesta alegoría a Cronos
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lunes, 7 de septiembre de 2009

Ardiendo




Estoy quemando unos poemas

Sangran los versos y sangran sentimientos
Sangra la tinta con mi alma escrita en ella

Están ardiendo unos poemas

Apestan de lujuria y de amor
De noches vacías, de versos de plástico
De juegos, de vino, de alcohol
Apestan a tu perfume

Estoy destrozando mis palabras

Quemo mis letras de madera
De corteza, de manzanas robadas
Y arde como una noche sin tí
Con una llama negra, calcinada.

Y me gusta ver el fuego reflejado en mi cara
Destruyendo mi alegría y mí sed
Mis delitos, tus miradas, mis porqués
Consumiéndose en sí toda la rosa
Me duele la cara de tanto llorar
Me da igual que en gotas se caiga
Lo que un dia fueron altas murallas
Lo que fue mi himno y mi delirio
Tu destino, mi capricho

No me importa ya que alumbra mi despacho
El pasillo donde ahora vivo
Entre tu habitación y el laberinto
Porque no quiero salir

Me la pela, me destroza, aunque me encanta
Ya que no paro de reír
Cuando mueren mis suaves notas
Cuando el humo las calcina sin dudar

Estoy ardiendo junto a mis escritos

Nada queda de lo que soy excepto mi carne
No quedan ni mi alma ni me mente
Ahora duermen en las cenizas de una hoguera
Que a medianoche ardía, que a medianoche ardía

Pisoteo las letras, las palabras, los versos,
Las estrofas, los “te quieros” los abriles,
Las dulces majaderías, las reprochables osadías
Quemo todo en arena de mar

Y ya no pienso, ya no soy, ya no existo
Si mi pluma arde yo ardo con ella
Si me escrito muere yo muero con él
Mientras ahora exhalo ya mi último suspiro.

viernes, 21 de agosto de 2009

Inmoral

Desnudos estos versos a tu lado
Con estrellas grises y cielo nublo
Para mí lo más hermoso de su todo
Que me regale todo lo que ha dado
Solo lo poco que ella tuvo

Dormir sin ti escuchando tus baladas
Tus poemas, tus historias, tus facetas
Nuestra guerra del pasado
Nuestros cafés sin las copas en los labios
Sin las manos en los brazos

Y despacito mientras cría que dormías
Te susurraba suavemente al oído
Te preguntaba en sombras si me querías
Te lo decía suave pero intenso
No sabía que me oías

Un pájaro por la ventana se adentró
Nuestro sueño interrumpió y
Sin quererlo, o sin querer
Tú te fuiste de mi lado
Te convertiste en mi pasado

Yo sabía de sobra que mi vida entera
Dependía de un suave hilo que se rompe
Con el canto de cordero en la manada
Con el aire que se mueve por la sala
Con la brisa de tus alas

Pasaron los años y no te volví a ver
Y cuando dormía, tus venias
Te adentrabas en mi cabeza
Te acurrucabas mientras unas lágrimas caían
Por encima de la mesa

Te convertiste en lo que hoy mi todo es
Mi presente y mi ayer
Mi parís aguado por la lluvia
Mi sala de juguetes calcinada
Mi solitario champagne francés
De sobra sabes que nunca te olvidé
Que por ti dejaría la vida entera
Que los domingos por la tarde renacerían
En un otoño en tonos marrones


Dejaría de mirar a tu tejado
A tus ventanas desde este escenario
Donde se desarrolla la más terca obra de teatro
En la que un pirado espera algún milagro

Una obra sin guion ni artificios
Una obra que depende de un colgado
Que no mueve nada por el cielo

Que desprecia el tiempo consumado
Que me tiene atado año tras año
Que me miente diciendo que ya te has marchado

Boca agria, no sabría que decirte
Hace tiempo que te espero
Desde este lado del sendero
No me mires no te quiero
No te quiero sonreír

Destruiría tus sonrisas con mis labios
Tus miradas, tus palabras, tus zapatos,
Los te quiero sin palabras y sin gestos,
La paz en el reino del infierno,
Y los versos como ya más de una vez he hecho

Tras mi cortina negra de humo
Tras mi capa de chico duro
Tras las casas de palillo
Tras las despedidas sin ti

Tras las noches escuchando tus poemas
Tras los llantos y lamentos
Tras los caros medicamentos
Tras las noches sin tu luz

Tras las camas desechas pocas veces
Tras las miradas
Tras los gestos
Tras el mar

Tras la arena de un reloj destartalado
Tras de ti alejándote al océano
Tras la vida
Tras la muerte

Tras tus ojos amaneciendo a mi lado
Iluminando con su luz el mundo entero
Se desnuda mi te quiero
Mi “ya no quiero correr”

Mi mirada despistada a la multitud
Donde entre el ruido y la gente
Te mire sin pensarlo de repente
Justo en el instante cuando me mirabas tú

Y fue cuando una sola voz conseguí oír
Solo una de entre tanta pulcritud
Tanto tiempo buscándola entre la multitud
Y por fin la he hallado

Fue sin querer, como si estuviera planeado
Habían pasado ya más de mil noches
Quizás unos días, y miles de deseos alados
Para que en tan solo un poema
Apareciera tu amor plasmado.

martes, 11 de agosto de 2009

De unas musas y un tejado

De pequeño siempre soñé con el Parnaso.

En las tardes de domingo descubrí

que las musas nunca llaman a mi puerta,

que el deseo es el que babea tras de ti.


Asqueado por contar un solo verso

en el bosque, con las hojas me mecí,

pues nunca quise convertirme en marioneta

en las noches me arrancaron de raíz


Nunca quise confundirme en las paradas

Nunca quise imaginarme sin candil

Nunca quise conseguir tus ojos tristes

Nunca amé el tenerte sin sentir.



Solo pude esperar en el tejado

Los otoños maniatados en tu abril




Y esperar el olor del carbón mojado

El azar de nuestras juagadas de parchís

El calor del cemento recién echado

Y el silencio que utilizo por vivir


Reiterando mis armas de artificio
De palabras, de juegos, de morir,
De conversaciones de historias de plata
De noches de oro por no poder dormir

Yo ahora solo canto al Parnaso

Por los viejos domingos descubrí
Que las musas nunca llaman a mi puerta
Que solo hay una por la que yo deseo morir


Nunca existieron los puntos y aparte
Nunca he amado el amarte o dormir
Solo quiero ver el cielo tras mil ventanas
Y en las nubes ver reflejado tu perfil

Solo pude esperar en el tejado
Los otoños maniatados en tu abril

Nunca jugué para tenerte entre mis brazos
No jugué para calmar mi dolor
Olvidé que estabas al otro lado de la mesa
Que mis pies no alcanzaban tu violín

Conseguí trasportarme a un mundo nuevo
Con tu perfume y unos versos de tus manos
Con la muchedumbre pasando por mi lado
Contigo al frente no la pudo percibir

Olvidé que eras parte del pasado
De un futuro de mi alma alejado
De un presente con amor civilizado
Que eras parte de tu adorable sentir


Sobreviví del cajón de las migajas
Olvidado en el olvido junto a mi


Ya es tarde para amarte en esta vida
Por eso he muerto, para no poder vivir
He esperado siempre con los zapatos puestos
No me importa desgastarlos, no me importa

Nunca fui de los quieren quererla querer
Nunca estuve engañando mi opinión
Mi silencio tiene alas de hojalata
La costumbre me robó el corazón

Pero ahora tengo algo mas conflictivo
No me deja ni pararme a dormir
Me transporta por las noches a tu cabeza
No me deja hacer otra cosa que pensar en ti


Solo quedan unas manos escondidas

Solo quedan las ventanas y el perfil

Solo tengo un tejado mas que aguado

Solo existe una musa en el jardín

jueves, 6 de agosto de 2009


Encontré atado a una paloma
Un amante sin los pétalos de rosa
Un lamento sin el viejo olor a bar

Desechado y tan muerto de optimismo
Escribió una carta a si mismo
Comprendió que no podía volar

Utilizó el sombrero de armario
Y organizó sus sentimientos en catálogos
Descubrió el amor enamorado
El carbón, con el hielo esperando

Moriría por querer amar a ciegas
Rompería los rosarios con viruela
Quemaría a los pobres feligreses
Por poder ser un Cristo resucitado

Rondaría las faldas de la mesa
Por perderse entre cualquier maleza
Por habitar los barrios de farolas
Por no ahogarse en su mar de cristal

Tiraría las miguitas al camino
Construiría sus puentes de palillo
Crearía carreteras hacía ti

Llevarían a castillos de arena
Con persianas y puertas de cera
Con un sol sin luces de madera.

Caería al vacio de tu sombra
Al tirachinas tras tus zapatos de goma
A la balanza que me vende al destino
Al cometa que jamás descubrí

Y me duermo en la cresta de las olas
Me despierto en un cielo de lona
Esperando caer a la tierra
Muriendo en la noche que nací.

Estaba tan perdido en la plaza
Esperando trenes que no esperan
Dibujando soles en la niebla
Cuando el auto pasó ya sin mí.


Me despido hasta próximos caminos
Más allá de donde espere el destino
Donde viviendo pueda morir
Por no haber muerto en lo vivido

miércoles, 5 de agosto de 2009

Llanto al tiempo por sus juegos de azar


Le conté mi secreto más profundo a la noche
Desperté a la mañana con un ramo de flores
Desquicié a la cama por dormir tus canciones

Le lloraba al tiempo por sus juegos de azar
Olvidaba la noche en la que los conocí
Corrompí mi cabeza con absurdos valores

Agarré los barrotes de dormidas prisiones

Escondí los bastardos de la flor del jazmín
Escuche gritar amazonas llegar
Amansar corazones de unos niños pequeños

Acurrucar la pasión en un tarro de heno
Recordando promesas ¿Dónde quedan los sueños?
¿Dónde buscas las islas? ¿Dónde vives sin ellos?

La brisa corría, la dirección existía

Quizás sea el miedo el que no te deje partir
El sudor en la frente al mirar justo atrás
El calor que despiden las jaulas de paz

Las balanzas de pánico ciegan otra realidad
La barcaza hace aguas nada más empezar
Y el sol calienta demasiado en el cielo

Las estrellas murieron por brillar tan de cerca

Tiñado de sangre vemos ahora y siempre el mar
Las olas, la espuma, cansadas como la sal
Y al vaivén de las olas te despierta sin sueños

Tiritando de frio deseas en otra orilla despertar
Encontrar tu cabello sin tener que escribir nada
Desear que los vientos nos hagan volar

Habitar moribundo los valles y praderas

Dormitas bajo un puente con las horas contadas
Esperas seguir de pie por soñar con un sueño
Que como una flor marchita muere con el tiempo

Pero lo que muere con ella, renace del cemento
De las noches vacías soñando con tu aliento
De escribir en el vaho de muy sucios cristales

Y las calles mojadas ven como crecemos

Desgastar papel y lápiz malgastando saliva
Escribirte cansado hasta morir de fatiga
Condenarme a un descenso que no conoce fin

Recorrer mis memorias porque sé que te encuentro
Que las hojas del parque ya narraron mi cuento
Pues era parte del argumento el caer y nacer

El morir por un verso no significa nada para mí

Como un fénix volando de cenizas y flores
De sus llantos y penas mojadas en algodones
De gorriones atados a sus lentas canciones

Dormíamos acongojados abrazados al cochón
Esperando tranquilos que desde un cielo cayera
El famoso arquero que nos haga morir

Un túnel del tiempo donde te espero a ciegas

No me importa el futuro, no me importa la guerra
Me quemaré sin reservar, descenderé mi caverna
Que me diga quién soy para descubrir quien fui

Si las noches en vela me trajeron tu mano
Ahora espero a las aves para verte una vez más
Serán los céfiros quien traigan tu aquejada despedida

Moriré sin reparo por dormir otra noche

Lo que iba a ser un poema para olvidar
Se convirtió en una especie de dilema moral
Donde el amor y la muerte se reparten las cartas

Donde escribo pensando que debes de existir
Que no estoy solo en mi isla tirado en el tapiz
Contando las estrellas para echarlas al agua

Desperté en un abismo…del que no quiero salir

miércoles, 29 de julio de 2009

Romance de las Islas

Despertar en otra arena
Y circuncidar mi tiempo
Despertar soles dormidos
Conquistar el cruel veneno
Coronar la calavera
Con unas rosas por lecho
Con dos pozos delirantes
Y delirantes maltrechos
Que son jinetes que vigilan
En la cresta de las horas
Que inundan toda paciencia
Y cortan las amapolas
*
Pero dos locos se escaparon
Por vivir siempre en las otras
Realidades ilusorias
Que se forjan en la sombra
Que en la sombra se destruyen
Que en la sombra se reinventan
Encontrándome desnudo
Encontrándote desnuda
Solo que al mirar a las nubes
Solo se ven camas desiertas
Están los cuerpos vacios
Sin las almas somnolientas
*
Me encontré cuando despierto
Y mirando a la ventana
Vi caer una y mil gotas
Era el cielo que lloraba
Era haciéndome un idiota
Descubriéndome en tu pelo
Devorome una gaviota
Conociendo el frío acero
Recibí el frio agosto
Tras el marzo abandonado
El abril resucitado
Después del junio aguado
*
Eran noches de miseria
De dormir en tu tejado
De querer volar atado
A monedas y portazos
Pero el mayor despertar
Se divisa ahora muy lejos
Con la luna almidonada
Y el desastre de los cuerdos
El triunfo de la locura
Con el cielo encapotado
No vendrá hasta que sufra
El amor siete pecados
*
Son caminos separados
Por mas de una verja aislados
Con palabras enjauladas
Con un verso en cada mano
Las parodias de farolas
Hay que ahorcarlas en el árbol
Me despiertan a deshora
Me conducen a naufragios
Naufrago de mares desiertos
Intenta descubrir la senda
Que le lleve hacía las islas
Y condene las condenas
*
El sol escupe emparentado
Con camellos del pasado
Con la droga que me hunde
Y me quiere aprisionado
Pero la mayor libertad
Vendrá al mantenerme atado
Al morirme acuchillado
o sentir mi pena al lado
Espero la suave brisa
Que me indique la parada
Y que haya alguien en la isla
Y no yo y lunas de
plata.

martes, 14 de julio de 2009


Escribo para poder estar a tu lado

En lo abstracto de la vida

En lo irreal de la poesía

Crear, sufrir, soñar


Crear bosques con papel celofán

Nubes de algodón

Barcos de papel

Para nadar por un cielo de sueños

Volar por ríos de plata

Correr en el aire

Para ser un lobo aullando a la luna

Ser tu noche

Escribir tu piel

Y morirme al descubrir la laguna

El acento del puente

La cuerda partida

La flor marchitada no imagina praderas

El azabache sin blanco

El camino sin piedras

Sangrar por caminar sin camino

Imaginar una isla

Llorar su océano

Viajar en un barco de esclavos

Remar atado al mástil

Por no escuchar sirenas

Enfrentarme al demonio siquiera

Venderle mi todo

Por tener recompensa

Sin alma ni dueño, sin razón ni cabeza

No escribo nada

Derramo mi sangre

Desnudo mi angustia al lector desterrado

A quien entiende el lamento

A quien lucha de espanto

Preguntas al viento lanzan estatuas del pasado

Oxida sus cuerpos

Desnuda su alma

Como ellas encuentras al poeta olvidado

El alma en el puño

Y el corazón en la mano

Con el cielo agarrado por los cinco costados

Derramado entre dedos

Arena del tiempo

Con barro ahora por mi cuerpo descalzo

Con una gorra protectora

Contigo a mi lado

Porque no albergar no significa no tener

Sentimiento que mata

Nunca muere

Sentimiento que no mata muere

Piedras que no dañan

Camino para nada

Mis lágrimas son letras derramadas

Son alma de tu cabello

Es tu sol en mi ventana

Son luceros de tus ojos los que alumbran

Los que guían mis manos

Los que dan sentido

Encontrar el cielo en la tierra es posible

Solo hay que mirarlo

Y escalar la montaña

Pero las cuerdas están rotas y desafinadas

La vida ha roto la guitarra

No le deja cantar

Dioses antiguos han conjurado este libro

Ni el ángel caído

Puede cambiar mi destino

Y luchar para hablar entre tanto ruido

Es crearte mil versos

Y acariciarte con ellos

Para agarrar fuerte tus manos y volar

Solo con leerlo si ya están

Las plumas dibujadas

Porque es ardua tarea el camino incorrecto

El perfecto sendero

Que guía mis pasos

Conseguir llevarte a nuestra isla es la tarea

Aunque el mar este seco

Aunque la barca no exista

La veleta se paro, ella esta aquí dentro

Un pájaro até a mí

Y me llevo a tu lado

Intentar describir un sentimiento

Es darte lo que él mismo es

Es narrártelo de mil maneras

Quiero llevarte a esa isla de mi mano

No me sueltes

Caminaremos sobre el agua

Entonaré todas los notas susurrados a tu oído

Tú serás el alma

Yo seré el plectro

Te llevaré a un mundo donde los bosques sean de celofán, los ríos de seda, las nubes de algodón, y tú, estrella, su alma.

sábado, 11 de julio de 2009

Días de mirar el cielo.

Horas y horas de rotos silencios,
hojas y hojas de mudos escritos,
noches y noches mirando a la luna,
de pensar tan solo en el roce de tu cabello…
De no saber si hacías lo correcto,
de no saber qué es lo que te poseía,
de no querer pensarlo..
De no encontrar dirección,
y saber siempre tu destino.

Días de búsqueda y tormento,
mirando al cielo.

Mensaje en una botella




No existían las direcciones bajo ese mundo submarino, no existía el sol, ni las estrellas, solo el agua que nos acurrucaba en su inmensa soledad. Solo las olas que apaciguaban nuestros lamentos, y nos llevaban el uno con el otro, mientras algo tan abstracto, raro y real hacía el resto. El cielo nos protegía y no hacía falta nada más. Pero el dulce sonido de las gotas se esfumaba cada cierto tiempo, y nos separaba, y nos arrastraba lejos, muy lejos de nuestros sueños, junto con el vaivén de las olas.
Y llorábamos solos, y reíamos solos, y lo olvidábamos solos, y ansiábamos sin quererlo volver a encontrarnos bajo la llave de ese inmenso océano, juntos, con el vaivén de las olas.

....

Morir cuando suena una balada

Y Vivir cuando muere mi ilusión

Soñar con los sueños de argonauta

Y sentir suavemente mi prisión

De mi tierra al nacer fui desterrado

La distancia la contaron los años

El silencio que susurras a mi oído

Sin quererlo te obligas a sentirlo

Postrado en una barra mientras gira

Un mundo alejado de mi mismo

Un lugar donde abundan los abismos

Un camino destinado al precipio

Y al caer volar sin destino

Sonreir por sentir lo sentido

Destinarme a un sendero sin futuro

De esperanzas rotas forjado

Y mirar llamaradas de plata

Y mirarte andando descalza

Arena de hormiguitas aladas

Te levantan castillos de escarcha

Y mentir como no sentir nada

Y fingir ser soldados de plomo

Burlar y callar bien los nombres

Que a canciones y odas responden

Huiré de un color tan mundano

Por amor lo jamás deleitado

Por mirar el cielo anaranjado

Y mirar tus dos ojos de caucho

No poder consentír la doctrina

Que rompe el egoísmo ilusorio

Que me hace sentir tan lustroso

Y tan lleno a la vez de resina

Derretir tu barrera de cera

Y adentrarme en tu ser dulce estrella

Responder mil preguntas al viento

Sorprenderte al decir un “te quiero”

Y al volver a mirarte los ojos

Ver que no existen fronteras

Que el pasado jamás existió

Que un paréntesis era un “espera”

jueves, 9 de julio de 2009

Escribo para tí.



Escribo este poema para tí,
para que puedas verme,
para que puedas tenerme
bajo el vaivén de las olas.
Para que el ciel
o nos cubra
de los ojos escondidos.
Para que puedas sentirme.

Para que el agua nos cubra
y crear nuestro mundo de palabras,
para no tener miedo
de sentir el viento
y poder acariciarte como él.
Para susurrarte canciones al oido
bajo una luna mágica.

Y tenerte tan cerca de mí
aunque tu cuerpo esté vedado,
para poder acariciarte con versos
y pintarte en el cielo los sueños.
Para que todo lo que nos separe
sea simplemente el material y la carne
y en el aire juntos estemos.

Escribo para abrazarte.
Estar sobre la estrella y la nube,
sobre la sal y la espuma,
y para mirarte en el cielo
acostada sobre la luna.
Para regalarte un atardecer
con el sol lejos, en el horizonte.





domingo, 5 de julio de 2009

Los versos olvidados...

Llamar a la noche primavera
Y sacar sin querer el amor de dentro de una chistera
Contar hasta diez en un parque
Y beber atragantado la espera

Mirar a los ojos tu locura
Pensar que no existe la razón
Parlar como un gato en un tejado
Y empaparte con el brillo de una estrella

Y creer que el olvido era ceniza
Que no existe corazón venturero
Que en la conquista murió el conquistador
Que usaba el árbol de ropero

Y cantarte al viento una y mil veces
Y llorar cuando no caen las palabras
Sumergidos en un profundo vals
Que ahoga con su pasos la inmensidad

Callaras lo que más quieras pocas veces
La oportunidad la robaron luchadores
Ocasión tras ocasión lo descubriste
Y bajo la luna triste te destrozaste

Ahora añoras el parís iluminado
El manjar de la miel de tus labios
El perfume de veneno azucarado
El poema de los versos condenados

martes, 9 de junio de 2009

Imagen en la laguna




Seré encontrado en los arboles
Seré ahorcado en las flores
De las noches más oscuras
Que lo oscuro de las pieles
Dan a conocer su amargura
Y envenenan a quien las hiere

Deseando de hallar
En la vida una verdad
No hay más sentido que el vedado
A los ojos egoístas
Ya que todo ser humano
Busca excepto lo esperado
Todo aquello tan mentido

Y tic tac tic tac ya pasan las horas
Y puede que segundos
Y esperas aquí sentado
A encontrar las venideras
Hojas traicioneras
De poemas enterrados

Ningún sentido hallo en la razón
Cuando el espíritu olvidado
De el olvido y el pasado
Rascan en mi memoria el lugar
donde quise aprender a amar
y su lugar aprendí mi acento mortal

de otoños ya muy grises
y grisáceos contrapesos
de sangre no muy adulta
de condenas y sospechos
en lagunas de mi tiempo
que me entierran en sus puestos

y ya una vez en la orilla
ves tu imagen en el agua
no sabes si robarlas
o prefieres propinarle color
solo quieres que se cumpla
lo que tanto tiempo ansió
el dotarle una ilusión
y continuar sin tren alguno.

amar llaman jugar...


Amor llaman jugar
Amor llaman amar
Amor llaman mentir
Amor llaman robar

Querer rediseñar
En una canción el amor
Es delicioso manjar
Para el fugaz trovador

Dolorosa tarea
El mamar el dolor
Arropada maleza
Que araña el corazón

Y seguir sin abrigo
Bajo diluvio interior
Rajar los paraguas
Y seguir amando amor

Querer compartir
Y solo desobedecer
Matando a las nubes
Y viéndonos crecer

El odio en la sangre
Y calor en el alma
El amor en las venas
Y su interior azabache

Carpinteros del tiempo
Forjan canciones
De olvidos bañados
En lo mortal de las noches

Y querer disfrutar
Y amar lo peor
Lo peor empeñar
Aunque cueste la razón

Y aún así, por la tarde
Vuelves a morir
Caes bajo una farola
Cuando vuelves a partir.

volar...


Dudar un momento en si mirar al cielo
Y mirar tras de mi al suelo y desechar
Oír que tras la luna se encuentra un cantar
Que invita a volar y quitarse el velo

Dejar de llorar y emprender el vuelo
Ahogar las gargantas al no manjar
Creer que danzar es igual a un bailar
Y cuando llega llamar desconsuelo

Palomas cansadas vienen prestando
Plumas de sueño en ala encadenada
Noches tras lunas con soles chillando

Soplando a las nubes rasgan la espada
Fuerza desierta en desierto mojado
Saltando al vacío en una estocada.

Cerrar los hojos (Anthony--) y ver el sol (--and the Jonhsons)

Cerrar los ojos para ver el sol. Apagar el viento y escuchar el dulce canto de una sirena. Abrir el corazón para volar.

Deambulan las notas somnolientas bajo el atardecer primaveral, y encuentran la voz. Encuentran el corazón, y es entonces cuando cobran vida y son susurradas al aire. Llaman tras el alma lo que suena en tus sentidos, apagando el ruido mundano, apagando los coches, los pasos, las gotas al caer y nos hacen mirar hacia arriba, al cielo. Y de repente, naciendo en un piano, miramos valientes al cielo, sin miedo, sin sombras. Y queremos ser pájaros, eso es lo que tanto ansíanos, volar, danzar con el humo de los rotos corazones, tocar las manos desesperadas de un preso, para luego mirar por encima de unas gafas los exasperados corazones hundidos en sus océanos de dudas, y hacer que nazcan, lanzarlos al vacío y susurrarles pausadamente que no tengan miedo. Buscar la libertad en un barco ya hundido, sacarla a flote sin contemplaciones. Llanto interno, contribución al inmenso mar, a nuestro propio mar, ese que queremos secar. Y no encontrar más que el aire atrapado bajo las gotas de fuego, y querer ser, por fin, un pájaro, y volar.

Traspasar las barreras morales que ataban la homosexualidad y conseguir llevarla a la universalidad haciendo que el problema de unos se convierta en algo con lo que todos podríamos sentirnos identificados en aspectos generales es lo que este grupo de Nueva York ha conseguido con lo sublime de su música, transportándonos a una catarsis espiritual en la que el cielo y el infierno se transforman en poesía entremezclada con un suave “pop de cámara” que nos adentra en su temática personal acercándonos al blues y al soul mas intimístas .

Sentido en nuestros sentidos nos ofreció un tal señor, de melena y aspecto cerrado, con un oscuro cabello y piel de color nevado, lagrimas de pianos extraviados en un rincón, salidas a la luz y venidas al color. Y encontrar la armonía, para no ver tan oscura la luna bajo un cielo que, tras un dulce gorgoteo de palabras, crea un diluvio en nuestro interior. Sí, un diluvio que transcribe algo, que nos hacer escuchar unos versos soñados por las plumas de las alas libertarias. Y así decían esos versos:

I am a bird girl now
I've got my heart
Here in my hands now
I've been searching
For my wings some time
I'm gonna be born
Into soon the sky
'Cause I'm a bird girl
And the bird girls go to heaven
I'm a bird girl
And the bird girls can fly
Bird girls can fly

La personalidad la puso la sirena, Anthony Hagerty, la voz y el piano, cuando de repente surgió todo lo demás tras un performance neoyorquino. Y llovió la magia y surgió la brisa, y el aire trasladó el cálido himno a través de la tierra. El problema de su sentir transexual en una sociedad homófoga desde la cuna no supuso obstáculos, pues la majestuosa calidad de su música incita desde el inconsciente a saltarlos, y la convierte en algo mas allá, en algo universal, algo que traspasa los inconvenientes materialistas de un mundo opaco contra las minorías. Y les da una categoría universal.

Llegar al cielo, tras pasar las cortinas de nubes. Sí, cerrar los ojos y ver el sol. The Johnson eran el cuerpo, el alma una voz, Anthony, la sirena, capaz de sobrepasar unas barreras ficticias de realidades atroces, y atroces materiales. Oprimidos arbitrarios y oprimidos que gritan susurros de paz. Y llegan, y se desplazan con las nubes, y justo en el momento del forzoso aterrizaje, traen la lejana paz de su transporte. El olvido de lo vano, y el encuentro con el mundo. El encuentro con la vida. Y tras unas míseras canciones recordar que ahí algo siempre por lo que buscarte a ti mismo. Y tras unas míseras canciones dotarte de alas, y soplar contra los vientos. Y tras estas míseras canciones querer recuperar la vieja capa de quimeras y quejidos, y sin embargo nunca más poder. Y no querer morir sin encontrar un sentido al dulce llanto, tras la larga melodía que esconde una negra melena, tras el viejo disco de un armario que llama al amor sin barreras, a ese que llama al miedo a tener miedo a algo, y a volver repetir en la inmensidad del espacio ese himno que destierra a la noche y abre el corazón para volar, hay se encuentra el andrógino muchacho.

Cuando los violines y el bajo y la guitarra y las percusiones y el piano sonaron se abrieron las vendas, y la humanidad escuchó. Tras miles de luchas y miles de injerencias, tras frenéticos atropellos y miles de afrentas, tras gritar soy mujer y que nadie lo entienda, cuando tras querer unas alas y pintarlas al viento, llegó un momento en que algo cambio. Y ahora, mayoritariamente se aceptan. Por fin la razón pudo al estupor y el color de las divas alcanzó el corazón. Se abrieron las puertas pero aún queda largo camino por recorrer en lo ajeno de la noche, pues todavía existen retos y tabús que, como narran sus coros, aun quedan por vencer, y esto, con su música, traspasa la piel y nos conmueve a todos.

Cuando uno sean todos y todos sean uno al otro lado de la valla que atrapa al viejo mar, en el efímero instante tras el cual escuchamos la llave de nuestras fronteras, un poco más arriba del infierno. Poniendo melodías a mis letras, escuchando la banda sonora de la desdicha y el amor, escuchando Anthony and the Johnsons, no quise decir nada, y sin embargo ya lo he dicho todo.


jueves, 7 de mayo de 2009

El árbol y el viejo


Una vez conocí a un hombre. Callado. Silencio siempre alrededor de él. Estaba sentado a la sombra de un viejo árbol a las afueras de mi pueblo. Este “hombre” le narraba historias a ese árbol y, de repente, con una racha de viento, la vida paraba por un instante. Narraba como hablaba, balbuceaba sus palabras al los agujeros de su vieja piel. El árbol atendía, miraba su negra cabellera, y, otra vez con una racha de viento, el tiempo se volvía a parar. Eran largas horas a la sombra de ese viejo árbol, que respondía con largos poemas acerca de una tempestuosa vida pasada. Caía la noche y los personajes hablaban y hablaban. Una noche la tormenta llegó y, por arte de magia, el hombre, con vieja gabardina, cuaderno en mano, sacaba un pitillo y el calor llegó a esta estampa de invierno. La luna respondió como debiera, haciendo desaparecer las nubes, y las largas horas de magia y de vida seguían su ritmo, brotando palabras y creciendo relatos, arraigándose a un suelo que cada vez era más fértil. Un día de repente, una niña llegó al austero lugar. Y claro, quedó rendidas a los versos del viejo árbol y los relatos del aquel cansado humano. Era abrumador ver como esa niña rellenaba hojas en blanco con miles y miles de apuntes acerca de todo lo dicho. Y lo que era todavía mas abrumador era ver la cara de la niña al caer la noche, cuando debía partir. La niña creció y creció a la sombra de este par de viejos, al abrigo de las letras y la musicalidad de sus palabras. Tal vez por casualidad, tal vez por desgracia, la noche en que el viejo hombre le regaló su gabardina para que se protegiera del frío, continuó con meses enteros en los que la muchacha, una jovenzuela… una jovenzuela a la que cualquier persona se hubiera sentido afortunada de conocer, no apareció por allí. El hombre y el árbol seguían sus charlas, y a la muchacha le sucedieron miles de chiquillos más, siempre alimentados con los poemas del viejo árbol y los relatos del viejo viejo. Un día la muchacha regresó, pero ya no era la joven dulcinea, si no una dulce mujer mayor. Era profesora, y bajo el brazo traía el primer ejemplar de su primer libro, el cual estaba dedicado textualmente “a ese viejo y ese árbol que me dieron la vida”. Lo plantado había dado fruto…y esa misma noche, el viejo murió. Quedó allí por siempre, a los pies de ese anciano árbol poeta, al que ahora, una joven muchachita, que era profesora y acaba de escribir su primer libro, acompañaba cada noche, y era ella la que ahora mostraba el dulce gorgoteo de las palabras al reposar en tu espíritu a los miles de chavales que paseando por allí, encontraban, de repente, y como una de esas casualidades que la vida te depara, cuando no encuentras nada, o no tienes nada mejor que hacer, en esos momentos de la infancia, madurez o vejez, en los que encuentras un viejo narrador y un anciano árbol poeta.

Confesiones de una mujer Barbuda (Segunda y última parte)


Por cierto, en un encuentro con 50 compañías de circo al este de Francia conocí al amor de mi vida (no os preocupéis que no voy a empezar con pamplinas). Era un payasete mayor que yo, que siempre llevaba tirantes con corbata y camisetas de ong’s. Nunca salía sin su nariz pintada de rojo carmín, dándole ese tono tan especial a la vida. Tuvimos una hija. La llamamos Pipi, como la de la serie. La nariz (roja) era de su padre y las trenzas (pelirrojas) de su madre. En fin, una maravilla. Pero como todo viene, todo se va. Y la desgracia comenzó el momento exacto en el que una noche contando historias a la orilla de una hoguera mi barba comenzó a arder. No os preocupéis, nada serio. Solo ardieron las puntas (Voy a matar a los cuatro capullos que están en la barra) El día siguiente, ya con treinta y ocho años, anularon la función que teníamos en un barrio periférico a Lyon. Nos habíamos quedado sin el primer empleo, al que le sucedieron treinta y una cancelaciones más en los dos siguientes meses y siempre por la misma escusa: que si con la crisis no iba la gente, que si no podían permitírselo, que habían dejado de recibir subvenciones culturales, y un sinfín de injurias más. Definitivamente la compañía cerró. Los payasos, malabaristas, trapecistas, hombres gigantes, hombres cañón, enanos, enanas etc. se repartieron por toda Francia, llevando una sombra gris tras de sí, pus no hay nada mas triste que un payaso que no sonríe, ni que treinta soldados de circo sin esperanza. Mi payasete feliz, Pipi y yo nos trasladamos Saint-Omer, una ciudad al norte de París. Mi esposo (que ya no lo era porque nos casamos al estilo del circo, que un día os contaré) jamás renunció a su nariz, por lo que hasta el día de hoy está en paro. Mi hija tiene un buen grupo de amigos y amigas que no la desprecian (aunque siempre existan los cabrones de los niños mayores), está siguiendo los mismos pasos de su madre en cuanto a pelusilla del labio superior, pero es feliz, al igual que yo lo era. Y yo, trabajo en una carnicería, aunque no soporto ver a la pobre carne animal triturarse bajo mis dedos, ni los dedicados ojos de los conejos cuando me miran una vez muertos. Me he dado a la bebida. Si, ¿Qué pasa? ¿Una mujer barbuda no puede beber? Todas las noches vengo a este putrefacto bar y dejo el dinero de los estudios de mi hija aquí. Yo decido sobre ella. ¿Qué más te dará a ti lector anónimo? Quiero que se convierta en una payasa, pero no como su madre, si no en una payasa feliz, de algo grande, ¿el circo del sol por ejemplo? Ah bueno, que mas dará, mientras sea feliz. Llevo ya cincuenta euros gastados en whiskey. Voy a parar y a ver si meo. Le acabo de decir al camarero que si limpia los aseos con su mierda y no veas como se ha puesto. En fin. A quien le va a importar esto, la vida de un payaso triste. Ahora lo tirare y nadie sabrá nada. Seguiré siendo una barbuda rara y borracha que quiere que su hija sea feliz, pero que se gasta el dinero de los ahorros en whiskey. Si, esa soy yo. Buena descripción.

Confesiones de una mujer Barbuda. (Primera y penúltima parte)


Hola, ¿Qué tal? Soy una mujer del centro de España, aunque ahora vivo en un pequeño pueblo al norte de Francia. Tengo barba. Si ¿algún problema? No se ni como ni porqué comenzó a salir en mi adolescencia. Pero ahora bien, tampoco me importó. Cuando tenia allá por los catorce años ya se comenzaba a divisar en por encima de mi labio una prominente y amenazante pelusilla rubia, aterradora a la vez que inofensiva. Por aquel entonces todavía todos los de mi dichoso colegio jugábamos con barbies, y claro, ya sabéis como son los chicos, unos cabrones. Si, así es, todos ellos, pues ahora pasa igual con mi hija. Volviendo a lo que iba, pintaban tetas y bigotes en las pizarras (sucia maquina despreciable de hacer relatos infantiles de la gente) -que, por cierto, desde entonces las odio-, un día llegaron con bigotes todos los de la clase pintados en la cara, me regalaban barbies con mostacho por mis cumpleaños, en fin, miles y miles de irrevocables insensateces. Pero yo, con una mentalidad y madurez inusitada para la edad que tenía, (y de la que me luzco cada vez que puedo) seguí con mi pequeño bigotillo sin complejo ni espejo reprobador. Cuanto me podía reír cada vez que veía las lágrimas resbalar sobre sus ojos cuando la malsonante y ruidosa “cera” arrancaba de un tirón batallones y batallones de frágiles pelos. Todavía me rio de ellas. Joderse. El otro día hice la cuenta: tengo cuarenta y cuatro años, si hubiera empezado a depilarme desde los quince llevaría veintinueve años en la labor, y pensando que al menos una vez al mes lo haría, veintinueve por doce son trescientas cuarenta y ocho veces, más todas las extras de verano etc. pongamos que habría ido unas cuatrocientas cincuenta veces, a veintiún euros la sesión habría gastado mas de nueve mil euros en quitar los bellos, hermosos y delicados cabellos de mi cuerpo. En fin, una gilipollez. Pues a lo que iba, pasé una infancia feliz, por mi madurez, claro está, en otro momento os contare como la alcancé con cinco años viviendo con mi abuela (¿os he nombrado ya lo madura que era para mi edad no?), y ya el resto de tiempo la gente me confundía, no sabía si era hombre o mujer, por los turgentes y prominentes pechos más las caderas, que según más de un amigo me comentó, eran deliciosas, sumado a la barba de criar pájaros que había encontrado reposo en la tez de mi cara. Esa era yo. Continuo la historia, pues en esa época, por la poca vida social que tenía, que no quiere decir que no estuviera siempre paseando por las calles y delirando por los bares, no pasó nada que merezca la pena contar. La cuestión es que el dia 14 de abril (interesante y casual fecha) del 91 fui a ver una obra de teatro a un teatro (obviamente) (perdonen las manchas del papel pero un desalmado hipócrita acaba de volcarme su whiskey barato por encima, mierda). Sorprendida al finalizar la obra -en la que se representaba la historia de cómo dos tristes payasos se enamoraban en la vida en el circo- bajé, con mi delirante y exótica barba a hablar con los actores. Ellos, que a la vez eran los directores, productores, guionistas y especialistas de la compañía, quedaron de repente sorprendidos conmigo, pero a la vez dichosos, pues para mi suerte y por obra de dios (que yo siempre lo representé como una barba gigante) buscaban una chica como yo, pues formaban parte a su vez de una compañía de circo que se estaba forjando en Barcelona capital. Yo, feliz, y como si las estrellas me hubiesen iluminado, acepté el contrato, sin pensarlo, y pasé a formar parte de esa maravillosa vida en el circo. Era mi momento. Las barbas habían hablado. Era el momento de celebrarlo y por ello para esa noche cree una majestuosa trenza en mi barbilla con objeto de lucirla ante mis asombrados amigos –todos unos frikies- . Los días y los meses pasaron tan veloces como soplaba el viento, no había desdicha, no había odio, no había absolutamente nada perverso, solo imaginación, color, vida, y eso sí, mucho arte entre nosotros. Inventábamos mil una esculturas, construíamos tropecientas mil obras de teatro, cantábamos, danzábamos, y, sobre todo reíamos y hacíamos reir.
(No se vayan sin leer la segunda parte o no comprenderan nada)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Soneto II

Abrigado en un árbol sin chaqueta
Cuenta historias un muerto sin cansancio
Habla el lucero de locura y desquicio
Invitando al amor tras la puerta abierta.

Que no pasaba sin morir la Imprenta
Dormidos cuadernos al precipicio
ríos de tintas, de sangre y suplicio
el que sumiendo en dudas deja una veleta.

Romances licántropos a Una muy cara
De versos vacios y balas de plata
De labios carmín llenos de barro.

Porque tanto hablar y poco callara
Pues ahí mi patria se vende barata
Cuando Eros no existe y muero en desgarro.

ELLO (Nuevo Cortometraje)



Con todos ustedes, ELLO. Espero que les guste.

martes, 5 de mayo de 2009

Jugando a componer sonetos...

Batirse en mal duelo con los pájaros
Caer rendido en el suelo cual naufrago
Mirarla de cara y pensar en juego
Vivir en Arcadia hacía Sannazaro

Cervezas vacías, perros muy raros
Mirando a la ventana, trago amargo,
Colchones rajados, canta el arraigo
Da miedo apagar los llantos picaros

Se mecen los árboles, duermes humano
Aprieta las tuercas, deja sola el alma
Sujetala y canta a la triste noche

Ten cabeza, degusta tus gusanos
Despierta tus sueños, emborracha y ama
No mezas en la luna este fantoche

Capítulo 4

4

…acostumbrado a escapar de la realidad…
rebusco en la memoria el rincón donde perdí la razón…


Recuerdo con absoluta claridad el día que siguió a ese inefable sueño. Cumplí diecisiete tacos el dia anterior. Miles de escarabajos salieron de las piedras para recordarme lo viejo que me hacía, para ponerme rojitas las orejas mientras hacían intentos de entonar un hipócrita cumpleaños feliz al unísono, irradiando felicidad y miradas de alegrías por cada inocuo poro de su pálida piel ( ya se estaba yendo la negrez hawaiana del casi ofensivo sol veraniego, ese que muerde si te descuidas mientras tú, tumbado, buscas en la arena los caminos de esa larga carrera que te lleva hasta el mar, esa senda riada que baja desde las oligárgicas fuentes lava pies hasta las sinuosas y casi ascéticas olas a la orilla de un mar cada vez mayor, y cada vez menor, que intenta personificar a una lujuriosa diosa Fortuna, que, esta vez, a través de la marea, nos muestras con claridad los malnacidos ejes de su caprichosa rueda). Y digo hipócritas pues en el mas profundo rincón de su negro corazón ninguno se alegraba de mi veloz crecimiento (aunque era el normal, un año igual a trescientos sesenta y cinco días), sino mas bien maldecían y calumniaban al cada vez mas veloz y caduco tiempo, viéndome crecer, viéndose crecer a sí mismo, viendo que el tiempo pasaba, como pasan de rápido las cosas que no tienen mucho sentido, viendo en un destello su vida, mientras las vecinas del sexto piso de cinco vigilaban. Y yo, aunque si me alegraba superficialmente, jamás pude imaginarme cuanto podría llegar a odiarlo en la sombra, de odiar a esa goma que borraba cualquier tipo de guión que yo quisiera hacerme, todo lo mataba cuando caía en sus garras.
Desperté cansado por el inexorable sueño que cada noche me visitaba desde hacía tres días. Era tan real que todavía me parecía sentir el sudor frío y cálido aliento de esas noches estrelladas correr por mi nuca cada mañana al levantarme. Mi madre, por aquel entonces un ideal a seguir, la simbiosis de Atenea, Hera y Hestia en una sola persona, albergando en su seno el furor de Ares y Venus, siempre llegaba preocupada tras los cantos matinales a mi habitación mostrándome en un espejo mi pálida cara, sudorosa e iluminada por una luz que no se encontraba en mi habitación. Jamás pude encontrar el significado de estos momentos nirvánicos, ni soñé con encontrarlos, solo, inconscientemente, deseaba que se repitieran, esperando el momento de la noche con ansía, como el sabio de un libro, pues para mí estos sueños eran poemas relatados por mi Ello, poemas que me mostraban quien era, como era, y que hacía entre estos afanados árboles de ruido y vanas muchedumbres.
Evitaba las bebidas con altos índices de cafeína a partir de las 7 p.m., y así, pronto entrar en un estado de vigilia, esperando en vilo el advenimiento del mesías noctambulo. Recuerdo mi impaciencia la semana que tardó en volver. Mis noches eran relatos a la luz de una colilla de incienso, intentando vomitar mi alma en un pedazo de papel, intentando mostrar lo aprendido esas tres largas noches, dejando mi aliento junto a las ventanas de noviembre, albergando la esperanza de continuara la senda, ese camino que me hacía adentrarme en metafóricas y paradójicas verdades venideras, en esa vida que es mi sueño. Los miles de soldados alados que constituían el humo que danzaba por mi habitación daban un hambiente meditabundo, moviéndose al son de dulces canciones “zeppelinianas” que habrían mi corazón en un prepotente acorde dominante para luego llevarme al éxtasis al relajar en su primer grado menor. El dulce gorgoteo de palabras que mi pluma dejaba descansar sobre el regazo amarillento de mi libreta dejaba relajarse a una pequeña parte de mí, me hacía sentir realmente bien, era yo así, relatando esas líneas, y releyéndolas una vez finalizadas. Me veía en un papel, en una procesión de sílabas. Tan solo se desviaba mi atención al escuchar el aletear de una mosca que se habría adentrado en mi habitación, aventurera, pero demasiado osada, enviada por algún líder ultra-fanático-religioso para vigilar mi trabajo, por si pensaba más de la cuenta. Por donde vino se fue, y con ella las meditaciones metafísicas sobre su vida y su oficio, que me habían hecho adentrarme en tan absurdas reflexiones.

Ya el dia que hacia siete, comencé a olvidar el sueño, obcecado en mis narraciones nocturnas, sustituyendo un mundo de sueños por crear un sueño en el mundo, descubriéndome mas libre una vez que mi cuerpo sucumbía preso del cansancio. Creaba miles de mundos ilusorios en los que siempre había una persona que caminaba sola, despacio, entre las calles. Esta persona – que por cierto, utilizaba sombrero, como el personaje de una película que recientemente había visto – no era simplemente un viejo lobo solitario, si no que su actitud era más bien la personificación de la reflexión y el pensamiento. Nunca tuvo un nombre. Nunca caí en el error de bautizarlo. En estas ramificaciones perennes se creaban arboles con miles de casas, sonetos encabronados y liras estivales. Cantaban los gusanos mientras los pájaros los comían y, pensando lo bien, ¿no es esto la felicidad? Conocí a unos cuantos personajes en las horas que Eso me dejaba libres. Almorzaban todas las mañanas en el mismo bar de la esquina, siempre puntuales, siempre ahumados. Sus arrugados bocadillos se confundían entre el humo que campaba a sus anchas por el lugar. La barba porcina y la tez marchita describían una vida, si, simplemente una vida, ardua y de trabajo, acalorados por el mundanal ruido mientras la ciudad seguía creciendo, a su ritmo lento, pero siempre continuado, empujada por los esclavos de unos cuantos grandes faraones. Ellos, que siempre me miraban como si la envidia les corroyese, sonreían una vez acaba de mi instancia en su campo visual. Yo normalmente salía corriendo. Pero un día, estos respetables adorables misteriosos y habituales señores. Comenzaron a faltar. Los llevaba viendo unos cuantos meses pero ya no estaban allí. La barra, sola, no tenía con quien jugar, no tenía función sus pedregosos oídos, no había ninguna historia más que escuchar de aquellos tres hombres que tanto la alimentaron. Se notaba la tristeza baresca en su ausencia, aunque lo cierto es que éstos contribuían a ello, y eso era parte de su magnificencia. Los taburetes, aquejados, corrieron a sustituirlos, y ya jamás volví a verlos por allí. Tres historias de tres don nadie que nunca más serían escuchadas. Nunca más. Los oídos ciegos de los que no quieren palpar la realidad hacían hincapié en su miseria dejando, por lo que oí días después en la farfullera comida familiar dominguera, en la misma calle y podrida calle que los vio jugar cuando eran niños a tres mundanos, tres anónimos, que ya no podían alimentar a sus respectivos hijos. Esto fue cuando su respectivo faraón vio que el banco se estaba llevando su preciada corona. Recuerdo que esa noche los plasme en mis historias, eran tres encapuchados que se cruzaban a caballo en el camino de mi solitario lobo. Y esa fue la suma importancia que le día a este hecho aislado, no trascendió mas en mi inmadura cabeza diecisiete añera de por aquel entonces.

El domingo de ese día que hacia siete tras la ultima vez que soñé, y tras haber estado mas de cinco horas en la casa de mi abuela hablando tras la dicharasosa y farfullera comida dominguera, caí rendido sin mas demora en un profundo sueño físico y espiritual, en la cama símbolo del pecado, en la delicada y suave piel de el lecho que cada noche me absorbe el espíritu, para transportarme tras el espejo. Y eso exactamente fue lo que hizo, tras más de una semana, tras un cuaderno de papel reciclable, tras horas y horas en vela, tras ver correr ríos de tinta, tras ejércitos de letras, y justo después de haber visto cerrar las páginas de la Obra completa de RIMBAUD.

A los pocos y apreciados lectores

Mis pocos pero apreciadísimos lectores, os pido disculpas por este largo espacio en blanco en la publicación de entradas en este blog. La causa ha sido la dirección y posterior realización de un nuevo Cortometraje que añadir a mi breve historia. Éste, sin duda, es de lo mejorcito a lo que he tenido el honor de dar vida. Pronto estará aquí para vuestro disfrute y deleite. Espero haber creado la justa expectación y que estéis esperando con ansía su publicación. Sin más, comunico mi vuelta a este inhóspito y a veces hostil mundo de las letras, pasando de un arte a otro, dándole ese sentido a la vida que tan solo él nos puede ofrecer.

Un afectuoso saludo.

Caótico Parisino.

martes, 14 de abril de 2009

BANALIDAD DE LAS NUBES


¿Recuerdan esas insolentes nubes de esos insolentes días grises del invierno? ¿Recuerdan su pesada cortina alada que impide que los esforzados rayitos de sol puedan llegar a nuestros ingenuos ojos, muchas veces consiguiendo que los borráramos de nuestra corta memoria temporal, que pase inadvertida su presencia? Estas molestas nubes modifican todos los colores, todas las forman. Originan mundos irreales, sabrosos al paladar, perfumados, incoloros, apagados. El éxtasis mental al que no llevan produce nuestra desilusión, nuestra vagancia, nuestra dejadez. Nos apartan de buscar el sentido de su formación, nos apartan de cualquier tipo de inquietud más allá de su mera banalidad. Adormecen con su halo, amontona a las masas y las adiestra a su modo y manera. El poder de su droga nos extrae el cerebro, nos chupa el alma, la conciencia y la razón. Somos zombis mansos que no chillan para que se vaya, que no levanta su voz más que para “ir tirando”, que no busca nada más. Y si las mantenemos, si continuamos con ellas, los jóvenes que vienen tras nosotros seguirán bajo su dominio, la respiraran entremezclada con el oxigeno. Nadie levantará cabeza cuando esas nubes hayan conseguido llegar a todo rincón, cuando hayan ocultado todo el cielo azul, cuando nadie -por su extensión- consiga ver el sol. Una vez inventé un hombre, que escribiendo versos sobre la educación, encontró nubes por todos lados. Una vez lo inventé, y no me arrepiento, pues ahora empieza a soplar para que se vayan.

martes, 24 de marzo de 2009

Susurros en la noche...


Y serán mis tres vecinas
las que vallan al entierro,
alegre triste y risueño
de las hojas muertas
en ese bosque,
en medio del desierto.

Y serán ellas las que cosan,
en otra época,
en otro cuerpo,
al espíritu que caliente,
con su flor desnuda,
al mundo enfermo

Desnudas esas viejas
juegan con la vida,
con los sueños,
muero joven
y al poco despierto
creando con mis lagrimas, el leteo

Alcahueta la rehusada
espina de mi cuerpo.
Marchita en vida,
cansada ya la hoja,
en ese bosque,
en este infierno.

-Y caerán los mejores-
dijo a la noche la luna.
Odas carcomidas,
bacanales de promesas
de un funesto espacio,
de un funesto atuendo.

Vestido de licántropo
escucho las balas de plata.
-Corred, están llegando-
Ya vuelven a ser las viejas
desnudas, tan bellas,
en lo feo del averno.

Repito este himno,
de belleza fortuita,
tirada en una cama
que también será comida
por las alas en la noche
por mis alas de reproche.

Tan solo espero
que no haya noche
sin aparecer el dia
y ser aliento de animas
sin pensarlas
abonadas por mi aliento.

Que bonita fue la gruta,
mas todo fue un sueño,
danzaba con las hojas
y yacen en el suelo,
en el parque y en los bosques
sin quererlo ya cayeron.

En el parque del desierto,
Junto a todas las lágrimas que gimieron,
manchadas de la arena
que hasta aquí atrajo el viento,
doy gracias a la lluvia
por limpiar todas las nubes, de mi tiempo.

Maxi.

domingo, 22 de marzo de 2009

jueves, 12 de marzo de 2009

Brindis por los poemas anárquicos



Ataviado con lo puesto
busco en vida al poeta,
hace malabares con versos
de colores y cometas.

Poemas anárquicos que embriagan
mis sentidos y ese árbol, que es mecido
por luna triste y muchacha gris,
siempre luchando, matando al trovador maldito.

Cuan majestuosa es la sangre,
escrita de puño y letra,
dándole color al arte,
llenando de rosas mis esquemas.

A aquel viejo poeta,
que habla lenguas muertas ,
viste palestina,
lleva tatuado el alma,

dedicare estos versos,
de aroma de plata,
de chaveta loca,
de loca sin chaveta.

Sabe muy bien, aquel viejo poeta,
que vivo en una avenida sin número,
pues allí nadie me encuentra.
Que soy señor de mis dominios
en los que mi corazón ya no entra.

Si, viejo, tengo la mente abandonada,
la perdí en no se qué estación.
Me la jugué por el sallo,
manta gris, sombrero alado.

Vivo, por casualidades de la vida,
con un techo embadurnado,
lleno de estrellas y nubes grises,
lleno de canciones sin abriles.

Señor poeta, es usted todo un marqués,
sabe el daño que le han hecho,
la historia de jugar a ser quien es.

A mi todavía me da miedo,
venga bienaventurado, aconséjeme,
vivo a diez palmos del suelo,
a kilómetros del cielo,
y no se donde poner los pies.

Mi cabecera es de lágrimas
hechas con susurros,
de aquel mes de marzo,
de aquel sueño lejano,
de aquel…agárrame la mano

Poeta, poeta, guardo sus versos en mí

Mis nostalgias son mis leyes,
ahora parecen abandonadas,
mis principios son cipreses
arrasados tras la batalla.

Mis desidias son los días
que pude haber pasado contigo.
Si me miras y te maldigo, poeta,
es para poder recibir yo el castigo.

Soy la sombra que descansa
en la sombra de su corrido rímel,
soy el ente que redacta
soy tu don y soy tu crimen.
Maxi Caballero

martes, 10 de marzo de 2009

Igual qu en las grandes historias...


Igual que en las grandes historias, las que realmente importan. Llenas de oscuridad y de constantes peligros. Esas de las que no quieres saber el final, porque, ¿cómo van a acabar bien?, ¿cómo volverá todo a ser como antes?. Pero al final, todo es pasajero, como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día, y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aún cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran pero no lo hacen. Siguen adelante, porque todos luchan por algo.

martes, 3 de marzo de 2009

Sueños de carretera

Hablando de sentimientos por las carreteras
Paramos a mirarnos al espejo cerca de una gasolinera
Cual fue mi sorpresa al encontrarla desnuda
A esa chica tan mona que me devoro la cabeza

Estábamos solos, cerrados, pestillo echado,
La chica, a mi vez, se acercaban las manos,
Hubo un suave contacto, y me dio mil pesetas
Mi luna, una historia de amor, a cambio de una maleta

Salí desquiciado por el sol, que mierda de día
¡Hay mis noches amadas, volved pronto!
Sin más, arrancaré el coche

Más pararé en un motel a media legua del cielo,
-¿Qué quieres princesa? ¿Te pongo una cerveza mas fría?
-No importa majete, me marcho a la cama,
Allí me tomare algo caliente, sin hielo

Y hasta aquí la esperanza en la autopista de la melancolía
No me canso de quemar mis pedazos
En un motor diesel de ciento veinte caballos.
Abrazado a la noche, duermo en vela, solitario

Maxi Caballero